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Tuesday, May 22, 2012

Mensaje #16: (Lev 10) La desobediencia de los ministros que resulta en juicio

Tema: El privilegio del ministerio requiere la dedicación completa a las instrucciones de Dios.

Cuanto más cerca de Dios llegamos, más se requiere de nosotros y más estrictamente seremos juzgados por nuestra sumisión a la Palabra del Señor. Cuánto más privilegio recibimos, más responsabilidad adquirimos.

Lucas 12.48Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

Los maestros que enseñan la Palabra de Dios (incluyendo a cada uno que predica el mensaje de la reconciliación a los inconversos; 2Cor 5.18-21) recibirá mayor condenación si no ejerce su ministerio conforme a las instrucciones de Dios.

Santiago 3.1Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

Recuerde la lección general de la sección de Levítico (Lev 8-10) que estamos estudiando. Para los que participamos en la obra de Dios, es esencial que obedezcamos a la Palabra de Dios (y recuerde también que todos nosotros hemos sido llamados a la obra de Dios—al ministerio de la reconciliación; 2Cor 5.18-21).

  • La lección del capítulo 8 fue este: Si queremos participar en la obra de Dios, tenemos que hacer lo que Él dice y de la manera que dice.
  • La lección del capítulo 9 fue este: Si queremos ver la gloria de Dios (Su manifestación en comunión y en toda bendición), tenemos que hacer lo que Él dice de la manera que Él dice.
  • En Levítico 10 vamos a ver que la “creatividad” en la obra y el deseo de hacer la obra a nuestro propio parecer resultará en el juicio de Dios y un gran pérdida entre el pueblo de Dios.

Dios quiere que veamos estos tres capítulos como un conjunto para ver lo más importante: ¡obediencia!

El incendio: Levítico 10.1-7

El delito de Nadab y Abiú: Fuego extraño y la prevaricación (v1-3)

Una perspectiva bíblica del juicio divino (v1-2)

Nadab y Abiú hicieron algo que Dios había mandado (algo que Dios quería: ofrecer incienso), pero lo hicieron de una manera que Dios no les mandó (algo que Dios no quería). Cuando hicieron esto, el mismo fuego de gloria y bendición (debido a la obediencia; Lev 9.24) se convirtió en fuego de juicio y condenación (debido a su desobediencia). Un fuego movió al pueblo a alabar a Dios (Lev 9.24b) y el otro calló a Aarón completamente (Lev 10.3b).

Esto es lo que se llama el “culto voluntario” en el Nuevo Testamento (p.ej. Col 2.23). Es algo que alguien hace “para Dios” (supuestamente), pero lo hace conforme a su propia voluntad y no conforme a la voluntad de Dios. El problema aquí no era uno de ignorancia porque Nadab y Abiú habían recibido instrucción en cuanto al ministerio. El problema aquí es que querían servirle a Dios según su propio parecer.

Dios no quiere “ideas nuevas e innovadoras”; quiere la sumisión y la obediencia. Entienda que el problema aquí no es uno de intenciones ni de sinceridad. O sea, podemos ver que Nadab y Abiú querían servir a Dios, entonces tenían buenas intenciones y eran sinceros en su deseo de servirle a Dios.

Nadab y Abiú cometieron el mismo error que Caín en Génesis 4.3-7. Caín quería ofrecerle a Dios una ofrenda y él llegó primero, antes de su hermano, Abel. O sea, era celoso por Dios y quería servirle (Gen 4.3). Sin embargo, Caín trajo lo que él mismo quería (el fruto de la tierra) y no lo que Dios había mandado (un cordero; Gen 4.4-5). Caín no quiso corregirse; prefirió el “culto voluntario” (el culto según su propia voluntad) y acabó matando a su hermano (Gen 4.6-7).

Desde Levítico 8.1 Dios había destacado la suma importancia de obedecerle al pie de la letra. Los ministros sabían que tenían que hacer lo que Dios decía de la manera que Él decía.  En Éxodo 30.1-10 Dios ya les había dado las instrucciones en cuanto a cómo ofrecer el incienso (y cómo no hacerlo: v9). Pero a pesar de esto, Nadab y Abiú escogieron servirle a Dios como bien les pareció y debido a su “culto voluntario” Dios los juzgo y los mató.

La “moraleja del cuento” es esta: el hombre de Dios hará la obra de Dios según la Palabra de Dios. La raíz del problema se halla en la última frase del primero versículo: Nadab y Abiú escogieron ejercer el ministerio “que Él (Jehová) nunca les mandó”. Tenemos que recordar que el ministerio (tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo) es el ministerio—la obra—de Dios, no de los hombres.

  • Dios establece el qué hacer.
  • Dios establece el cómo hacerlo.
  • Dios establece el quiénes lo hacen.

Lo que nos toca a nosotros es someternos a Él y obedecerle.

Muchos pastores y líderes en la obra hoy día están corriendo cada semana para inventar algo nuevo, creativo y llamativo para poder “llevar a cabo la obra de Dios”. Ellos creen que por sus nuevas ideas innovadoras y creativas, que Dios les va a bendecir. Pero la lección aquí en Levítico 10 es lo opuesto: ¡Esto trae el juicio de Dios no Su bendición!

Un día de estos Dios va a traer todas nuestras obras a juicio y será un juicio como por fuego. Todo lo que no se ha hecho conforme a la Palabra de Dios se quemará.

1Corintios 3.13-15La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

Este juicio, entonces, debe motivarnos a hacer la obra de Dios según la Palabra de Dios.

2Corintios 5.10-11Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias.

No podemos “mejorar” lo que Dios ya estableció y tratar de hacerlo (de “mejorar” la obra de Dios con nuestras “nuevas ideas innovadoras”) sólo resultará en el juicio de Dios y la pérdida delante de Él.

Esta es la misma lección que vemos en el nuevo carro de David. Uno de las primeras cosas que David quería hacer cuando tomó el trono de Israel fue llevar el arca de Dios (un cuadro de Su presencia) a Jerusalén. Vea lo que él dijo:

1Crónicas 13.3Traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella.

Cuando él empezó a llevar el arca a Jerusalén, no había ninguna duda en cuanto a sus motivos, ni de su sinceridad. Él amaba a Dios y quería que la presencia de Dios estuviera entre los de Su pueblo.

1Crónicas 13.8Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas.

No obstante, este mismo pasaje nos dice cómo es que David escogió llevar el arca a Jerusalén.

1Crónicas 13.7Y llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro.

¿De dónde sacó David esta idea “nueva e innovadora” de llevar el arca sobre un carro nuevo? Otros hicieron lo mismo poco antes de David. Fueron los filisteos (la gente del mundo y los enemigos de Dios).

1Samuel 6.7-8Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a casa. Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la dejaréis que se vaya.

¿Cuál fue el resultado de la nueva idea “creativa” de David? Exactamente como vemos en Levítico 10, resultó en el juicio de Dios, la muerte de Uza.

1Crónicas 13.9-10Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios.

Pero después, al fin y al cabo, David logró llevar el arca a Jerusalén. ¿Cuál fue la clave de su “éxito en el ministerio”? Volvió a la Escritura para leerla y enterarse de cómo es que Dios quería que llevaran el arca. Y una vez que supo qué hacer y cómo hacerlo, David lo obedeció al pie de la letra y Dios le bendijo.

1Crónicas 15.2Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan perpetuamente.
1Crónicas 15.15Y los hijos de los levitas trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehová.

No debemos tratar de “mejorar” lo que Dios ya nos ha dicho. Debemos obedecerle. Cada uno de nosotros hemos recibido el ministerio de la reconciliación. Por esto ya sabemos qué hacer—qué es lo que Dios quiere que hagamos (la obra que nos toca).

2Corintios 5.18-20Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Además, Dios nos ha dicho claramente cuál es el mensaje que quiere que anunciamos: es la palabra de la cruz (ley y gracia; condenación y salvación; pecado y perdón).

1Corintios 1.18Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.
1Corintios 1.21Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

También nos ha mostrado claramente cuál es el método que Él ha escogido para hacerle llegar el mensaje de la cruz (el mensaje de la reconciliación) a los que lo necesitan: ¡La predicación!

Romanos 10.13-17Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Pero digo: ¿No han oído? Antes bien, Por toda la tierra ha salido la voz de ellos, Y hasta los fines de la tierra sus palabras.

No es por visiones y sueños; es por la predicación (llegar a donde los inconversos y explicarles verbalmente lo que Cristo ha hecho para rescatarles del pecado y la ira de Dios). No es que los inconversos van a ver mi estilo de vida que “querer lo que tengo”; es por la predicación. Dios quiere que hablemos; quiere que testifiquemos. Él nos ha mandado a anunciar las buenas nuevas de Jesucristo con nuestras bocas.

Hechos 1.8Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

No debemos tratar de “mejorar” ni la obra (el qué hacemos) ni la manera de hacer la obra (el cómo la hacemos). Porque si hacemos la obra conforme a nuestro propio parecer vamos a estar “ofreciendo fuego extraño” y esto traerá el juicio de Dios sobre nosotros exactamente como vemos en el caso de Nadab y Abiú, y en el de David y Uza. Hagamos la obra de Dios de la manera que Dios dice para que Él tenga toda la gloria.

1Corintios 2.1-5Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Si hacemos lo que Dios ya nos ha mandado a hacer, no tendremos tiempo para inventar otras cosas raras (honestamente muchas iglesias hoy en día parecen más como circos o conciertos de música que iglesias por todas las cosas adicionales que hacen). No necesitamos trucos y entretenimiento para “atraer a la gente a Jesús”. Necesitamos ir a donde los pecadores y predicarles el evangelio.

Y en la iglesia es igual. No necesitamos trucos y entretenimiento para “mantener la asistencia”. Necesitamos predicar y enseñar la Palabra de Dios para alimentar las ovejas de Dios. Esta es una obra de “tiempo completo” para todos y Dios espera que todos participemos en ella. No necesitamos “mejorar” nada. Necesitamos hacer la obra que Dios ya nos dio que hacer, de la manera que Él nos ha mandado.

No es un asunto de motivos, ni de sinceridad. Nadab, Abiú, David y Uza eran sinceros en lo que querían hacer para Dios; sus motivos eran buenos. Es un asunto de sumisión y obediencia a la Palabra de Dios (porque Dios quiere toda la gloria).

Una revelación clara del deseo divino (v3)

Moisés le dijo a Aarón lo que Dios había dicho antes: ¡Tiene que haber santificación!

Éxodo 19.22Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová no haga en ellos estrago.

Este es el deseo de Dios y en esto vemos la raíz del problema. Ya vimos en Levítico 8 que los sacerdotes habían sido santificados para servir a Dios. Pero aquí, en Levítico 10, vemos que Dios no había sido santificado en ellos (o sea, ellos no se apartaron para Dios; no tomaron a Dios en serio).

De una manera u otra Dios se santificará en nosotros y será glorificará en nosotros. Si nos sometemos y le obedecemos (si tomamos a Dios y Su Palabra en serio, si lo santificamos en nuestros corazones), Dios se glorificará por medio de nosotros (Lev 9).

Pero si decidimos hacer la obra conforme a nuestro propio parecer (si no tomamos a Dios y Sus mandamientos en serio), Él siempre tendrá la gloria pero la tendrá por medio de juzgarnos. Podemos cooperar con Dios y así glorificarlo en la santidad (en hacer la obra que Él nos mandó a hacer de la manera que Él quiere) o podemos hacer la obra conforme a nuestra “humana sabiduría” y glorificarlo cuando Él nos juzga por nuestra negligencia y desobediencia.

El deseo de Dios es claro: Él quiere santificarse en nosotros y glorificarse en nosotros. La manera de logar esto es someternos a Él y obedecerle al pie de la letra (tomarlo en serio). Y cuanto más privilegio uno tiene en Su relación con Dios (por ejemplo, más conocimiento de Él), más responsabilidad adquiere de respetar Su voluntad y Su Palabra. Cuando Dios le bendice a alguien con más conocimiento (conocerlo a Él más, como Nadab y Abiú; Exod 24.1; Lev 8.30), Él le exige a esa persona más sumisión y más obediencia—espera que la persona obedece el conocimiento que tiene al pie de la letra.

Después de esta gran prevaricación de parte de Nadab y Abiú, los demás tienen que hacer ciertas cosas para evitar más problemas y más juicio.

El deber de los demás: Para evitar otra prevaricación (v4-7)

Misael y Elzafán: Sacar a los muertos “fuera del campamento” (v4-5)

Moisés llama a dos parientes de Aarón para sacar a los dos muertos porque los sacerdotes ungidos (Aarón y los dos hijos suyos que todavía están vivos) no pueden contaminarse tocando a los cuerpos muertos.

Observe que los sacan “con sus túnicas” fuera del campamento. O sea, Dios juzgó a Nadab y Abiú y los quemó a ellos dentro de su ropa, pero no quemó la ropa (las personas recibieron el juicio de Dios no las vestiduras sagradas). Hay una lección en esto para nosotros porque nosotros también andamos una nueva “ropa de sacerdote”—nosotros fuimos vestidos de Cristo Jesús (nos vistió de justicia en Cristo).

Cuando andamos según la carne (nuestro propio parecer) y no conforme al Espíritu (la Palabra de Dios), seremos juzgados y condenados.

Romanos 8.1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Pero Dios no juzga nuestras “vestiduras sagradas” sino la carne dentro de ellas. O sea, Dios nos juzgará y seremos “condenados” pero no al infierno. Dios juzgará nuestra carnalidad y seremos “condenados” en el sentido de perder nuestra recompensa de herencia. Dios no juzga la nueva “ropa” que nos dio: La justicia del Señor Jesucristo.

Necesitamos santificar a Dios en nuestros corazones para glorificar con nuestra sumisión y obediencia a Su Palabra. Si no lo hacemos, Dios lo hará porque nos ama.

1Corintios 11.31-32Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Además, Misael y Elzafán sacan a Nadab y Abiú con sus túnicas “fuera del campamento”. ¡Todo el pueblo puede ver los resultados del juicio de Dios sobre los ministros! Dios nos manda aplicar el mismo principio hoy en día cuando un líder peca.

1Timoteo 5.19-20Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman.

Dios quiere enseñarles a todos la suma importancia de cuidarse de no ser negligentes ni descuidados (ni tampoco “creativos”) en el desempeño del ministerio. Al comienzo del ministerio (aquí en Levítico, con el ministerio de Israel, y aun en Hechos 5.1-11, con el comienzo del ministerio neo-testamentario), Dios muestra con claridad el nivel de sumisión y obediencia que Él espera.

El problema que surge luego, después de la severidad en el comienzo, es que Dios ejecuta pronto la sentencia sobre la mala obra (porque es misericordioso y quiere que nosotros nos corrijamos).

Eclesiastés 8.11Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal.

Muchos pastores y maestros hoy día son negligentes en el desempeño de sus ministerios debido a esto. Muchos de los santos son iguales en el ministerio que ellos han recibido (Ef 4.12 con 2Cor 5.18-21). Pero el juicio de Dios que vemos en la Biblia (aquí y en pasajes como Hechos 5.1-11) y que esperamos en el futuro (el Tribunal de Cristo) debe motivarnos a no desviarnos de la completa obediencia a la Palabra de Dios.

Todo el pueblo vio a Nadab y a Abiú violar la Ley de Dios, entonces todo el pueblo tiene que verlos honrar la Ley y exaltarla con su muerte (para que aprendan la importancia de la sumisión y de la obediencia en la obra del Señor).

Aarón, Eleazar e Itamar: No salir de “la puerta del tabernáculo” (v6-7)

Dios no permitió a los sacerdotes vivos a lamentar la muerte de Nadab y Abiú. Ellos tuvieron que demostrar que estaban completamente de acuerdo con Dios y con lo que Dios hizo. De otra manera (rasgando sus vestidos, lamentando), sería como si estuvieran echándole la culpa a Dios por la muerte de los dos desobedientes. Los ministros vivos tuvieron que demostrar que el juicio de Dios, por tan severo que se fue, era totalmente justo. Y así ellos glorificar a Dios y honraron Su Ley.

Dios nos llama a nosotros a lo mismo, a estar completamente de acuerdo con Él. Los sacerdotes tenían el aceite de la unción sobre ellos y debido a esto estaban apartados para el uso de Dios en el ministerio (v7). Nosotros también (todos nosotros) hemos recibido la unción del Espíritu Santo (Su presencia en nosotros que nos aparta para el uso del Señor en el ministerio).

1Juan 2.27Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Debido al privilegio que hemos recibido, Dios nos ha puesto a un nivel responsabilidad más alto que otros. Tenemos que estar completamente de acuerdo con Dios en todo lo que Él hace. O sea, no tenemos derecho de mostrar ni una sugerencia de desacuerdo con lo que Dios dice o hace. Él es la autoridad final y Él siempre tiene la razón. Nosotros nos sometemos a Él y le obedecemos. No debemos ni hacer ni decir nada que ponga en duda la Palabra de Dios (lo que Él dice, decide o hace).

Esto es también lo que pasará en la eternidad. Todos vamos a poder salir y ver a los inconversos sufriendo en el lago de fuego, pero en vez de lamentar su condición, vamos a reconocer que son abominables y que Dios es santo, justo y bueno. Su juicio, aunque severo, es justo y correcto.

Isaías 66.24Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre.

Fíjese también en que fue Dios mismo Quien causó el “incendio” de las personas desobedientes (v6b). En cuanto a los inconversos, no crea que Dios no lanzará a los desobedientes al infierno. Él lo hará; Él causará el “incendio” de los inconversos desobedientes y rebeldes.

Apocalipsis 20.15Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
Apocalipsis 21.8Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

En cuanto a los creyentes, Dios también hará un “incendio” de su carnalidad y de sus obras pasajeras. Cualquier obra que Dios no nos mandó a hacer, será quemado en el “incendio” del juicio del Tribunal de Cristo.

1Corintios 3.15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

Dios quiere que lo glorifiquemos haciendo las obras que Él nos ha mandado a hacer.

Juan 17.4Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

Dios ha llamado a todos los creyentes a participar en la obra de reconciliación, una obra que resulta en la edificación del Cuerpo de Cristo (o sea, son las obras del evangelismo y el discipulado; 2Cor 5.18-21).

Efesios 2.10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios 4.11-12Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

Debemos someternos a Dios, leer la Biblia (para enterarnos de lo que Dios quiere que hagamos y cómo quiere que lo hagamos) y así obedecer a lo que dice la Biblia. De esta manera santificamos a Dios en nuestros corazones y lo glorificamos con nuestras vidas. De otra manera experimentaremos el “incendio” de la condenación de nuestras obras carnales en el Tribunal de Cristo.

Vale la pena hacer una observación importante aquí: Hay cosas más importantes que familia. A veces caemos en el error de pensar que nuestras familias son más importantes que cualquier otra cosas en nuestras vidas. Pero si pensamos así, estamos equivocados.

Hay varias cosas que son más importantes que nuestras familias. El Señor Jesucristo y nuestra relación con Él es más importante que familia

Mateo 10.37El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí.

El ministerio de reconciliación (nuestra sumisión a Dios y nuestra obediencia a la Gran Comisión) es más importante que que nuestras familias.

Lucas 9.59-60Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.

Debemos a amar a los miembros de nuestras familias y debemos cuidar a los que depende de nosotros. Pero no debemos dejar que nuestras familias lleguen a ser una excusa por nuestra negligencia o desobediencia en la obra de Dios. La manera de amar a nuestras familias es amar a Dios primero y dejar que nuestras familias vean nuestra dedicación al Señor.

Repaso: (Lev 10.1-7) El incendio debido a la infracción: La dureza de Dios en juicio

Nadab y Abiú ofrecieron "fuego extraño" (una obra en el ministerio que Dios no les mandó) y el Señor los mató en juicio por haberlo hecho (v1-3). No podemos mejorar el ministerio y no debemos intentar servirle a Dios según nuestro propio parecer.  Dios nos ha llamado al ministerio de la reconciliación y Él nos ha dicho exactamente lo que quiere que hagamos y cómo quiere que lo hagamos. Así que, no es un asunto de inventar nuevas maneras innovadoras para hacer la obra. Es un asunto de someternos a Dios y obedecer a Su Palabra.

Después vimos ciertos deberes que los demás tenían después de la prevaricación para evitar más problemas (v4-7). Los demás sacerdotes tuvieron que demostrar que estaban completamente de acuerdo con Dios. El pueblo tuvo que ver a los cadáveres de los desobedientes cuando los sacaron del tabernáculo todavía vestidos de las vestiduras sagradas.

Ahora, después de la severidad de Dios en juicio, vemos la bondad de Dios en Su provisión para los sacerdotes. Él les da más instrucciones para asegurarles que todavía son Sus siervos y que todavía gozan del privilegio del ministerio.

Las instrucciones: Levítico 10.8-20

Un precepto nuevo: Una prohibición para el sacerdote (para evitar otra prevaricación; v8-11)

Esta es la única vez en Levítico que Dios habla directamente a Aarón (no por medio de Moisés; v8). Es como si Dios quisiera asegurarle a Aarón que él todavía es el que quiere que enseñe Sus caminos a Israel (Dios todavía lo acepta). Es una manifestación de la bondad de Dios y de Su amor para con los Suyos.

Dios prohíbe que los sacerdotes beban alcohol mientras estén ejerciendo el ministerio (v9). El ministro de Dios tiene que estar en completo control de sí mismo (para evitar más problemas como el de Nadab y Abiú: desviándose de la completa obediencia a Dios). Es igual para nosotros hoy día. Dios nos manda estar bajo el control del Espíritu Santo siempre, no bajo el control de otra sustancia.

Efesios 5.18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.

Esto es importante porque el ministro de Dios tiene dos responsabilidad importantes que Dios destaca en los dos versículos siguientes.

El ministro de Dios tiene que discernir entre lo bueno y lo malo (v10). Nadab y Abiú, como muchos ministros hoy día, no ejercieron buen discernimiento en el ministerio y pagaron un precio muy alto por su negligencia. El discernimiento en las cosas de Dios es algo que falta en el Cuerpo de Cristo hoy día porque son muy pocos los que quieren aceptar la Escritura como la autoridad final.

Hay muchas cosas que son “buenas” y parecen bien. Pero si no es bíblico, no es lo que Dios aceptaría. No todo lo bueno es también bíblico. La única manera de poder distinguir entre el bien y el mal (algo bíblico y algo no bíblico) es juzgarlo todo según la Escritura. ¿Qué dice la Biblia? Pero, ¿quién estudia la Biblia hoy día? ¿Quién enseña la Biblia? ¿Quién sigue la Biblia como la autoridad final? Debido a esto, hay muy poco discernimiento en las iglesias.

El ministro de Dios tiene que enseñar al pueblo de Dios los estatutos del Señor (v11). Dios quiere que Sus ministros enseñen la Palabra de Dios a otros, para que ellos (los otros) pueda obedecerle en todo (o sea, no es sólo una comunicación de información sino el “enseñarles que guarden” todas las cosas de Dios; Mat 28.19-20).

Hoy día, en el Cuerpo de Cristo, no todos los miembros son maestros pero todos los miembros deben poder enseñarle a otro la Palabra de Dios. Así es el ministerio de discipulado: enseñarle a otro la Escritura y ayudarle (por palabra y ejemplo) a entender cómo obedecerla.

Sin embargo, otra vez vemos que esto es algo que falta en la mayoría de las iglesias hoy día. Los pastores no son maestros de la Palabra de Dios. Entonces, los miembros no saben como enseñar la Palabra de Dios. Debido a esto hay personas por todos lados “ofreciendo fuego extraño”—haciendo cosas en el ministerio que Dios jamás les mandó a hacer.

Dios le da al ministro un nuevo precepto, una prohibición para que él no pierda el control de sí mismo y para que él pueda discernir entre el bien y el mal para enseñar al pueblo de Dios a cómo andar en los caminos del Señor.

Una provisión única: El privilegio del sacerdote (v12-20)

La porción del sacerdote: v12-15

Otra vez vemos la bondad de Dios en que Él vuelve a asegurarles a los sacerdotes del privilegio que tienen. Pueden comer de los sacrificios del pueblo. El privilegio que Dios prometió a Sus siervos era algo permanente y no se revocó por la desobediencia de los dos.

La presunción de Moisés: v16-18

Moisés se enoja cuando se da cuenta de que Aarón y sus hijos no comieron de la porción suya. Justo después de la desobediencia de Nadab y Abiú, Moisés ve lo que él toma como desobediencia en Aarón y sus hijos. No siguieron las instrucciones de Dios; debieran haber comido la carne pero la quemaron. Sin embargo, Dios no juzga a los sacerdotes por esto.

La pena de Aarón: v19-20

Al final de esta sección (Lev 8-10) sobre la importancia de obedecer a Dios al pie de la letra, Dios nos muestra un principio importante: La letra mata, pero el espíritu da vida.

2Corintios 3.6El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.

Obviamente Dios quiere nuestra obediencia—quiere que le obedezcamos al pie de la letra. Pero aun más allá de esto, quiere nuestro corazón—quiere nuestra sumisión a Su Persona. Sobre todo Dios mira el corazón, porque uno puede obedecer sin querer hacerlo. O sea, uno puede obedecer sin la sumisión. Pero cuando se somete, la obediencia sigue.

Aquí vemos a Aarón y sus hijos sometidos a Dios, pero sin obedecerle al pie de la letra. Ellos han sido profundamente afectados por la santidad de Dios y no podían comer—no podían gozar del privilegio que Dios les había dado.No actuaron negligentemente, con arrogancia y egoísmo como Nadab y Abiú. Actuaron con base en su temor de Dios y su reverencia por Él. Y Dios siempre extiende Su misericordia y Su gracia a los que le temen, a los que se someten a Él (aun cuando cometen errores).

Aarón y sus hijos escogieron no seguir la “formalidad” de la Ley porque no pudieron hacerlo tanto con el espíritu (su actitud) como con sus cuerpos. Entonces, Moisés se dio por satisfecho y Dios no les juzga (porque le estaban sirviendo según el espíritu de la ley y no tanto por el formalismo de la misma: v20).

Conclusión

Aquí terminamos la primera mitad del Libro de Levítico: (Cap 1-10) El fundamento de la comunión: Los sacrificios.

Hemos visto los sacrificios individuales que Dios ordenó para poder establecer y mantener la comunión entre Él y Su pueblo (Cap 1-7). Acabamos de aprender un poco acerca de los que ofrecen los sacrificios: Los sacerdotes (Cap 8-10). Sobre todo hemos aprendido que lo que Dios quiere más que nada es nuestra sumisión a Su Persona y nuestra obediencia a Su Palabra.

Empezando con el siguiente capítulo vamos a ver la condición (el requisito) de la comunión: La separación.

Veremos una serie de lecciones sobre cómo discernir entre el bien y el mal para escoger el bien y así andar con Dios en la “hermosura de la santidad”.

Terminemos con este pensamiento, con base en lo que vimos en la actitud de Aarón en los últimos versículos de Levítico 10.

Dios quiere nuestro corazón; Dios quiere nuestra sumisión voluntaria a Él, a Su Persona. Porque cuando Él tiene nuestra sumisión de corazón, la obediencia a Su Palabra saldrá naturalmente. Pero la obediencia sin la sumisión no vale; es formalismo (es la letra que que mata, no el espíritu que vivifica).

Entonces, que trabajemos en el corazón, para tener una actitud correcta hacia Dios y Su Palabra. Sólo así podemos andar siempre en comunión con nuestro Señor.

Isaías 66.2Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.
Filipenses 2.12Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.

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