
Mensaje #14: (Lev 8) La santificación de los ministros para el ministerio [pdf | mp3]
El Libro de Levítico trata de la comunión con Dios y se divide en dos partes:
1. (Cap 1-10) El fundamento de la comunión: Los sacrificios
2. (Cap 11-27) La condición (el requisito) de la comunión: La separación
En Levítico 8-10, hay una lección general y esencial para los que quieren participar en la obra de Dios. Dios nos ha llamado a todos nosotros al “ministerio de la reconciliación” (2Cor 5.18-21), entonces la lección en Levítico 8-10 tiene también una aplicación personal y práctica para nosotros hoy día.
La lección es esta: “Sumisión y obediencia”.
Si queremos participar en la obra de Dios, tenemos que hacer lo que Él dice y de la manera que dice. Observe cuántas veces Dios destaca esto en el capítulo 8: v4, 5, 9, 13, 17, 21, 29, 31, 34, 36. Si nos sometemos a Dios y si le obedecemos en todo, veremos Su gloria (fruto, etc.; Lev 9.6 con 9.23).
Pero, si queremos ser “creativos” en la obra y “mejorar” las instrucciones que tenemos en la Palabra de Dios... podremos esperar juicio (Lev 10.1-2). Los que quieren la comunión con Dios en Su servicio (los que quieren andar con Dios como Él desea también), tienen que entender la importancia de “santificar” a Dios en todo—de elevarlo y exaltarlo como Santo y Justo, y por lo tanto digno de respecto, sumisión y obediencia (Lev 10.3).
Dios quiere que veamos estos tres capítulos como un conjunto para ver lo más importante: ¡obediencia!
Levítico 8: Vemos la consagración de los sacerdotes (la santificación de los ministros para el ministerio). En el capítulo 8, Moisés es el que está haciendo la obra y los sacerdotes están “recibiendo” de él. Luego, en el capítulo 9, veremos a los sacerdotes ministrando al pueblo (en sumisión y obediencia). Y el capítulo 10 nos muestra el gran fracaso de los sacerdotes que hacen la obra a “su propia manera”.
Mientras estudiemos estos capítulos vamos a ver una distinción entre los sacerdotes. Hay un solo sumo sacerdote (Aarón) y varios otros sacerdotes que sirven bajo el sumo sacerdote. Los sacerdotes son de la misma familia del sumo sacerdote; todos son del linaje de Aarón. En esto queremos, por supuesto, ver un cuadro del Señor Jesucristo, el Sumo Sacerdote.
Pero hay un cuadro aquí de nosotros también. Nosotros somos del mismo linaje que el Sumo Sacerdote porque nacimos de nuevo en Cristo. Además, Dios nos ha encargado del “ministerio de reconciliación” (trabajando con Jesucristo).
Cristo es el que consiguió la reconciliación y ahora cada uno de los reconciliados hemos recibido la responsabilidad de participar con Él en este mismo ministerio.
Levítico 8 es un poco extenso, entonces vamos a enfocarnos en lo que es nuevo y esencial para entenderlo. Una cosa que creo que nos va a interesar mucho es lo de las vestiduras de los sacerdotes...
Hebreos 7.28 dice que la ley (esta ley que estamos leyendo) constituye sumos sacerdotes a débiles hombres, y por lo que vemos en esta lista (sacrificios, etc.), sabemos que es la verdad.
Aarón será el sumo sacerdotes y sus hijos serán los sacerdotes. Las vestiduras son especiales tanto para Aarón (v5-9) como para sus hijos (v13). El aceite (cuadro: el Espíritu) es para ungirlos a ellos (sus personas; v10-12) y sus vestiduras (v30). Hay un becerro para la ofrenda por el pecado (para expiar sus pecados; v14-17). Hay dos carneros: uno es para el holocausto (v18-21) y el otro para las consagraciones (v22-29). El canastillo de panes sin levadura se ofrecerá en las consagraciones también (v26).
Toda la congregación se reúne para ver la consagración de sus ministros de la reconciliación (v3). La importancia de la obediencia: Dios destaca el hecho que Moisés obedece al pie de la letra (v4).
Otra vez Dios nos recuerda que los que quieren participar en Su obra tienen que obedecerle en todo. Es Su obra que se hace de la manera que Él dice.
Antes de ponerles las vestiduras, Moisés lava con agua a los sacerdotes. Aquí los ministros se lavan (todo el cuerpo) al comienzo de su ministerio—cuando se consagran. Es un cuadro de su purificación para entrar en el servicio y participar con Dios en la obra. Después, sólo tenían que lavar sus manos y pies durante el tiempo del ministerio (Exod 30.17-21).
Así es cómo Dios trata con nosotros también. Cristo nos lava completamente una vez para siempre al comienzo, cuando nos convertimos. Después, aplicamos el “agua de la Palabra” continuamente para mantenernos limpios (las manos se ensucian trabajando en la obra y los pies también porque andamos en este mundo).
Observaciones: Hay nueve piezas (los detalles: Exod 28) y en cada una podemos ver un aspecto de Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, y de Su ministerio de intercesión y reconciliación por nosotros. Como una nota aparte: Si quiere más detalles sobre lo que vamos a ver de las vestiduras, puede leer Éxodo 28 y 29 (porque ahí Dios lo explica todo en mucho detalle).
Primero, le puso la túnica con su cinto. La túnica era de lino (blanco), una prenda larga de lo que podría llamarse “ropa interior” (se ponía primero, debajo de todo lo demás). Se ceñía por la cintura con el cinto que era bordado.
El cuadro de Cristo: En esto vemos un cuadro de la pureza y la santidad de Jesucristo, desde lo interior hacia afuera; Él era “blanco” como el lino fino, sin ninguna mancha de pecado. El cinto agarraba la túnica para que el sumo sacerdote podía andar y trabajar sin enredarse los pies y caer; es como Cristo que nunca “se tropezó” ni tampoco “se cayó” en pecado.
Luego, le puso el manto. El manto era una prenda larga de color azul, con granadas y campanillas abajo; se lo ponía encima de la túnica de lino. Era una prenda “bien visible” y también “bien audible”. Era “visible” porque era extraordinariamente bello y llamativo en su apariencia. Era “audible” porque se sonaban las campanillas cuando el sumo sacerdote caminaba.
El cuadro: Así es Cristo: Debido a Su santidad y perfección, Él es extraordinariamente bello y llamativo; y cuando Él “anda trabajando” todos “lo oyen” (todos los hombres “oyen” a Jesucristo trabajando en este mundo por medio de Su Espíritu, atrayendo a todos; Jn 12.32). Así debemos ser nosotros también: Con vidas visiblemente llamativas (por el carácter y la conducta como los de Cristo) y aun con vidas “audibles” (haciendo “bulla” para Dios predicando la Palabra para la salvación de los pecadores y la edificación de los santos).
Después le puso el efod con su cinto. El efod era como un “chaleco” que se ponía sobre el manto azul. Tenía dos hombreras con una piedra preciosa en cada una y seis nombres de Israel sobre cada piedra (sobre cada hombro). El cinto del efod lo amarraba por la cintura del sumo sacerdote.
El cuadro: En el efod, con sus hombreras con los nombres de las tribus de Israel, vemos que Cristo, como nuestro Sumo Sacerdote, lleva la carga de todo el pueblo de Dios sobre Sus hombros. Vemos también nuestro deber de participar en la obra con Cristo y “llevar el yugo” (la carga de la gente) junto con Él—el yugo del ministerio de reconciliación. Él nos sostiene a todos “sobre Sus hombros” y nosotros participamos con Él en la obra como Sus “ayudantes” aquí en la tierra (llevando la carga el uno por el otro, en Cristo).
Encima del efod, le puso el pectoral con los Urim y Tumim. El pectoral se hizo de la misma tela que el efod y era cuadrado, de más o menos 25cm. Tenía cuatro hileras de tres piedras preciosas—doce piedras en total—y un nombre de una tribu de Israel escrita sobre cada piedra. El pectoral “guindaba” de las dos hombreras del efod por trenzas de oro.
Parece que el pectoral tenía como un “bolsillo” atrás para los “Urim y Tumim”. Urim quiere decir “luces” y Tumim significa “perfecciones”. La Biblia no nos da ningún detalle sobre lo que son los Urim y Tumim fuera de su uso. Se usaban para comunicarse con Dios (para obtener dirección o respuestas de Dios).
Con el pectoral y los Urim y Tumim, el sumo sacerdote andaba y ministraba con el pueblo de Dios (los nombres en las piedras preciosas) y la comunicación con Dios “sobre su corazón”. El cuadro: Así es Cristo y así deberíamos ser nosotros también.
Al final le puso la mitra con la lámina de oro (la “diadema santa”). La mitra era de lino y la lámina de oro decía “santidad a Jehová”.
El cuadro: Puesto que el cuerpo siempre sigue la cabeza, otra vez vemos la perfecta santidad de Cristo, tanto en pensamiento como en la vida (Él era y es “santidad a Jehová” en todo). Nosotros debemos seguir Su ejemplo y ponernos siempre el “yelmo de la salvación” para santificar nuestros pensamientos para que la vida se santifique para Dios también.
Observe algo que no dice: No menciona nada para los pies. Andaba descalzo porque andaba en un lugar santo (un lugar en donde Dios estaba). Dios, cuando apareció en la llama de una zarza, le dijo a Moisés que se quitara su calzado.
Le dijo lo mismo a Josué:
Debemos recordar que participar en el ministerio de reconciliación (el evangelismo y el discipulado; el ministerio de la Palabra de Dios para la salvación de los pecadores y la edificación de los santos) es un gran privilegio. ¡Estamos andando en un lugar santo porque estamos andando en donde Dios mismo está trabajando (en donde Él se manifiesta)!
Después de vestirle a Aarón, Moisés unge tanto el tabernáculo y sus muebles como a Aarón para santificarlo todo para el servicio del ministerio. El cuadro: Cristo fue ungido con el Espíritu Santo antes de comenzar Su ministerio público.
Los sacerdotes andaban túnicas de lino con sus cintos y tiaras de lino (el lino siempre siendo un cuadro de la pureza y la santidad), pero sus vestiduras no eran tan “gloriosas” como las de Aarón.
Así es con nosotros: Las vestiduras del sumo sacerdote eran para honra y hermosura (como Cristo: hay honra y hermosura en Su pureza, santidad, perfección, belleza y gloria como Sumo Sacerdote).
Pero las vestiduras para los sacerdotes eran para lo mismo.
No obstante, aunque nosotros podemos andar en la “hermosura de la santidad”, nunca jamás llegaremos a ser tan bellos y gloriosos como Cristo Jesús.
Este es el sacrificio para purificar lo que se contaminó por “el pecado” del hombre. Aunque podemos ver un cuadro de Jesucristo en Aarón, el sumo sacerdote, siempre es un cuadro, nada más. Los hombres somos pecadores y necesitamos la purificación; Cristo no.
Para reconciliar al pecador con Dios para que pueda servirle en consagración y obediencia.
Ofrecen un carnero (v22) y también el canastillo de los panes sin levadura (v26).
Esta es una ofrenda especial para consagrar a los sacerdotes (no forma parte de las cinco; Lev 1-7). Era para consagrarlos totalmente para el servicio del ministerio (v23-24).
Antes, Dios ungió a los hombres para apartarlos para Su uso (v12). Ahora, Él unge sus vestiduras, la ropa exterior (lo que la gente siempre ve). Esto es lo que Dios quiere de cada uno de nosotros: Quiere santificar al “hombre interior” (él mismo; su carácter y su persona). Pero también quiere santificar su “vida exterior” (su conducta, lo que la gente ve todos los días).
Los sacerdotes servían en la obra del ministerio para siete días seguidos. Este es un cuadro de los siete mil años de la historia del hombre pecador. Desde Adán hasta la eternidad, la Biblia habla de 7000 años (AT: 4000; Iglesia: 2000; Milenio: 1000). Durante estos “siete días” (de mil años) Dios está reconciliando a los pecadores por medio del sacrificio y la intercesión de un “sacerdote” (el último, obviamente, es el Señor Jesucristo).
En el Antiguo Testamento, uno nació en la familia de los sacerdotes—en la familia de Aarón. Pero no podía participar en la obra de Dios antes de su “consagración”, antes de someterse a Dios y obedecerle a Él “al pie de la letra” (tal como estamos viendo en Levítico 8 y 9).
Nosotros nacemos de nuevo en la familia de Dios. Y ahora si queremos servirle, tenemos que consagrarnos también. Tenemos que someternos a Él (a la Escritura) y obedecerle al pie de la letra. Si lo hacemos, veremos la gloria de Dios en el fruto que Él llevará por medio del ministerio. Pero si no lo hacemos... o si tratamos de “mejorar” lo que Dios ya nos dijo... como con Nadab y Abiú en Levítico 10, sólo habrá juicio (no veremos el fruto, no veremos la gloria, sólo experimentaremos pérdida).
Si usted no está seguro de su salvación: Sepa que sólo hay un camino a la presencia de Dios: por medio del Sumo Sacerdote, Jesucristo, y Su sacrificio perfecto y completo en la cruz. Tiene que convertirse: Arrepentirse y poner su fe en Cristo.
Si usted es un cristiano: Sepa que todos hemos sido encargados del “ministerio de reconciliación”, entonces Dios quiere que todos nos consagremos a Él en sumisión y obediencia a Su Palabra. Hagamos la obra de Dios (es un privilegio participar con el Señor en lo que Él está haciendo para salvar a los pecadores en este mundo y edificar Su iglesia). Pero hagamos el esfuerzo para siempre hacer la obra de la manera que Dios quiere, no a nuestro propio parecer. Dios no está buscando la “creatividad” ni las “ideas nuevas e innovadoras”. Quiere la obediencia.