
Mensaje #13: (Lev 7.11-38) Nuestra devoción total al que nos redimió [pdf | mp3]
Tema: Después de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, ¿qué podemos ofrecerle en agradecimiento y lealtad?
La ley del sacrificio de paz es el último pasaje acerca de las cinco ofrendas en Levítico. También hemos llegado al sacrificio que está “fuera del orden” entre los cinco. Cuando vimos las ofrendas por primera vez (Lev 1-5), el sacrificio de paz apareció tercero en la lista. Ahora, con las “leyes” de las ofrendas (Lev 6-7), vemos que es de último. Puesto que en las leyes de los sacrificios estamos viendo cómo nosotros nos acercamos a Dios, el orden tiene algo que decirnos.
Cuando un judío quería expresar su agradecimiento a Dios, le ofrecía este sacrificio. (Por esto, en este sacrificio vemos un cuadro de nuestro “sacrificio” de agradecimiento a Dios.) Además del animal que sacrifica (v15 con v23), el agradecido le ofrecía dos cosas:
Los panes son elevadas en representación de ofrecerlos con agradecimiento al Señor (v14).
Recuerde que la ofrenda de pan (la flor de harina en masa o cocida) es un cuadro de nuestra obras. Si nosotros queremos ofrecerle a Dios un “sacrificio” de agradecimiento (por todo lo que Él nos ha hecho y dado), podemos ofrecerle las obras de nuestras manos—sumisión, obediencia. Los panes sin levadura nos muestran el deseo del Señor que le ofrezcamos nuestras vidas y nuestras obras sin la corrupción del pecado (o sea, vidas santas y buenas obras).
Pero en los panes con levadura, Dios nos recuerda de la realidad en que vivimos. La realidad es que todavía hacemos las obras en cuerpos de muerte, vendidos al pecado. “Elevamos” este “pan leudo” (v14) a Dios como una confesión (reconocemos nuestra condición), como una petición (que Dios nos limpie) y también como una expresión de nuestra lealtad a Él (que a pesar nuestras fallas, queremos servirle). Como dice David:
Observe que se tiene que comer la carne de este sacrificio el mismo día que se ofrece (v15). Luego vamos a ver que con una ofrenda voluntario o por voto (v16-18), se puede comer hasta el tercer día, pero aquí con la ofrenda en acción de gracias no se deja nada para el día siguiente. Esto nos recuerda que debemos ofrecer este sacrificio de agradecimiento cada día, siempre.
Honestamente, esta es la clave de experimentar la paz de Dios en la vida, aun en problemas.
El “sacrificio” de hoy no sirve para mañana. Cuando mañana viene, necesitamos entrar en la presencia de Dios y ofrecerle este sacrificio de agradecimiento otra vez. La paz de ayer no se va a experimentar hoy si no ofrecemos la ofrenda de nuestro agradecimiento a Dios otra vez.
Aquí vemos otra buena razón por la cual debemos pasar un “tiempo a solas” con Dios en la mañana: Todos los días necesitamos tiempo en la Biblia y en oración dándole gracias a Dios.
El sacrificio de “voto” es parecido al de acción de gracias: El voto se cumple y uno ofrece a Dios este sacrificio en reconocimiento de Su fidelidad y también en agradecimiento por lo mismo.
El sacrificio “voluntario” es una ofrenda simplemente “porque quiero”. Esta es una provisión para la persona que simplemente quiere ofrecerle a Dios algo. Es un acto de generosidad espontánea y una expresión de amor, agradecimiento, lealtad, fidelidad... debido a todo lo que Dios es y todo lo que Él ha hecho. Si realmente queremos avivar el fuego de nuestra devoción a Dios, hagamos esto. Este tipo de actitud es lo que nos mantiene humildes delante de Dios y motivados (animados) en la obra.
Observe que se puede comer la carne de este sacrificio hasta “el tercer día”. Nada del cuerpo del sacrificio queda después del tercer día, y en esto vemos un cuadro de la resurrección de Cristo, nuestro sacrificio—nada quedó en la tumba después del tercer día. Esto debe recordarnos que nosotros “ofrecemos este sacrificio” (voluntariamente) con base en la obra de Cristo, que murió por nuestros pecados pero que también resucitó para darnos vida.
Con estas instrucciones acerca de las ocasiones del sacrificio de paz, Dios da un aviso también...
Primero, Dios no aceptará ningún sacrificio inmundo (v19a). Tiene que estar limpio. Segundo, Dios no aceptará ningún sacrificio de ninguna persona inmunda (v19b-21). Entonces, con esto creo que podemos ver dos consejos importantes...
Primero, debemos controlar nuestros miembros (incluyendo la boca con la cual le damos a Dios las gracias) para no tocar lo inmundo—para no hacer cosas indebidas; para no cometer pecado. Segundo, cuando pecamos y nos ensuciamos, lo primero que debemos hacer es “limpiarnos” por medio de la confesión y el arrepentimiento. Luego podemos ofrecer este sacrificio voluntario de agradecimiento; no antes.
Es un cuadro de “lo mejor” y “lo más rico” en la vida de uno—es un cuadro de la parte interna que es “lo mejor” de nosotros. Dios quiere lo mejor en nuestras vida y no quiere compartirlo con nadie; es total y completamente para Él.
Por ejemplo, Él quiere que lo amemos con “lo mejor” que hay en nosotros (voluntariamente).
Otro ejemplo: Él quiere que confiemos en Él con “lo mejor”—con todo el corazón (voluntariamente).
Dios es celoso en esto. Él quiere ser el mero centro de nuestro mundo y de nuestras vidas.
Es un cuadro de nuestra expiación y de nuestra redención. Dios prohibió al hombre comer la sangre antes de la ley, en ley y aun después, bajo el NT. Esto es porque Él apartó la sangre para representar la vida (el alma) derramada hasta la muerte para la expiación del pecado y para la redención del pecador.
La sangre representa el precio que Cristo pagó por nosotros: el sufrimiento y la muerte. Dios hizo esta obra de expiación y redención, nadie más. Nuestra nueva relación con Dios se debe a lo que Dios hizo, no a nada que nosotros hayamos hecho. La sangra (toda ella) es para Él.
El pecho contiene su corazón. En el sacrificio de paz uno entrega el pecho de su ofrenda al sacerdote que ofrece la sangre. Para nosotros, la paz de Dios viene cuando entregamos nuestros corazones al Sumo Sacerdote que ofreció Su propia sangre para nosotros: Cristo Jesús.
La espaldilla es el cuarto delantero que incluye el “hombro” hasta la “pata”. Además de nuestro corazón Dios quiere nuestras obras y también nuestro andar (desde el hombro que sostiene la carga hasta las “patas” que usamos para andar en este mundo). Esto también se entrega al sacerdote que ofrece la sangre, un cuadro de ofrecer nuestras obras y nuestro andar a Cristo.
Los últimos dos versículos son de resumen, pero nos muestran también lo que viene (v37-38).
El sacrificio de paz está de último en las “leyes” de los sacrificios porque es algo voluntario, uno lo ofrece porque quiere (quiere agradecerle a Dios y expresarle su lealtad debido a todo lo que Dios ha hecho).