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Tuesday, May 22, 2012

Levítico 6.24-39

Mensaje #11: Cómo tratar con el pecado [pdf | mp3]

Si nosotros queremos gozar de la comunión con Dios, tenemos que hacer "nuestra parte". En Levítico 1-5 vimos cinco diferentes ofrendas que forman un solo cuadro de la obra de Cristo. Por medio del sacrificio del Señor en la cruz, Dios se acercó a nosotros para salvarnos, reconciliarnos y morar entre nosotros en comunión.

Ahora, en Levítico 6 y 7 estamos viendo las misma ofrendas, pero en un orden diferente. Estamos estudiando las "leyes" de las ofrendas (más instrucciones para los sacerdotes y levitas). En las leyes de las ofrendas vemos "nuestra parte" en la comunión con Dios.

  • La ley del holocausto nos mostró que si queremos andar en comunión con el Señor tenemos que llegar a ser un "sacrificio vivo" todos los días. Trata de la decisión diaria de consagrarnos a Dios.
  • En la ley de la ofrenda del grano vimos una exhortación a las buenas obras (es una ofrenda de los resultados de la labor de nuestras propias manos que ofrecemos a Dios).

Pero a pesar de estar consagrados y "celosos" por las buenas obras, tenemos un problema: el pecado.

Romanos 7.20-24Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Creo que todos podemos decir lo mismo que Pablo porque todos conocemos bien la lucha contra el pecado—la lucha contra esta tendencia en nosotros a pecar. De esto trata la ley de la ofrenda por el pecado en Levítico 6.24-30. Si queremos estar en comunión con Dios, tenemos que tratar con el pecado que todavía mora en nosotros.

Aplique el sacrificio de Cristo por el pecado: v24-25

Vimos antes que la ofrenda por el pecado trata principalmente de la purificación de la morada de Dios que se contaminó por el pecado (Lev 4.3, 5-7). En este contexto vimos que el sacrificio de Cristo en la cruz "purifica" la morada de Dios (nosotros) para que Él pueda estar en nosotros (ahora nosotros somos el "tabernáculo").

En Levítico 6.24-25, Dios nos recuerda de esto porque aquí es donde tenemos que empezar "nuestra parte" en establecer la comunión con Dios y mantenerla todos los días. Si queremos tratar con "el pecado" (la naturaleza pecaminosa) en nuestras vidas, tenemos que entender primero que todo lo que podemos hacer se basa en la obra de Cristo. Cristo ya trató con el pecado en nosotros, los cristianos. (La muerte en la Biblia siempre es una "separación" no una aniquilación.)

Romanos 6.1-2¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Ya, en Cristo, no tenemos que servir al pecado.

Romanos 6.6Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Lo que nos toca es "considerar" (aceptar la realidad de) que ya estamos muertos al (separados del) pecado. ¡En Cristo el pecado no tiene control sobre nosotros!

Romanos 6.11Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Por lo tanto, con base en el sacrificio por el pecado que Cristo ya realizó, no tenemos que obedecer al pecado en nosotros y no debemos hacerlo (ni darle una provisión).

Romanos 6.12-14No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Sin embargo, el pecado todavía mora en nosotros. Entonces, ¿qué hacemos?

Romanos 7.20-24Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

Nuestra parte en esta "ofrenda por el pecado" es andar en Cristo y por el Espíritu. (Rom 7.25-8.2)

Romanos 7.25-8.2Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Esto quiere decir que tenemos que "comer" del sacrificio ("alimentarnos" de él)...

Aliméntese del sacrificio, Cristo: v26

Este sacrificio servía para alimentar al sacerdote, al siervo de Dios en la obra. Esto nos muestra (en cuadro) un principio de nuestro trato con el pecado que es esencial para andar en comunión con Dios: Tenemos que "alimentarnos bien" comiendo el sacrificio.Cristo es nuestro "sacrificio por el pecado" y Él también es nuestro alimento.

Juan 6.53-54Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Pero no comemos Su carne literalmente sino que "comemos" Sus palabras.

Juan 6.63-68El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida... Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

La manera de tratar con "el pecado" en nuestras vidas (la naturaleza pecaminosa, la tendencia en nosotros a pecar) es con la Palabra de Dios.

Salmo 119.9-11Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente. ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.

Así es como los siervos de Dios "comemos la carne del sacrificio" para alimentarnos. La Palabra de Dios debe ser nuestro alimento de todos los días.

Salmo 1.1-3Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.

Dwight Moody dijo: "La Biblia te alejará del pecado o el pecado te alejará de la Biblia." Pero, ¿qué pasa cuando caemos (porque aun luchando contra el pecado, a veces cometemos errores)? De esto trata el siguiente pasaje de Levítico 6 y la ley de la ofrenda por el pecado...

Aléjese de lo inmundo: v27-28

¿Qué pasa cuando "por casualidad" lo santo toca lo inmundo? En estos versículos Dios da instrucciones por si acaso ("por casualidad") el sacrificio santo toca algo inmundo. Lo inmundo se torna "santificado" en el sentido que ya es "de Dios" y el hombre tiene que hacer con él lo que el Señor manda.

Las instrucciones para Israel:

En cuanto a un vestido (si la carne o la sangre del sacrificio lo toca), hay que lavarlo (v27). En cuanto a una vasija de barro, hay que quebrarla (o sea, destruirla; hacerla inútil; v28a). En cuanto a una vasija de bronce, hay que fregarla (con cepillo) y lavarla (con agua; v28b).

La lección es sencilla: (v25b) El sacrificio es "cosa santísima" y nunca jamás debe estar en contacto con lo inmundo. Dios no quiere que la "cosa santísima" llegue a estar en contacto con lo inmundo. Pero a veces sucede, entonces Él dice lo que hay que hacer: ¡Lavarlo o destruirlo! Hay un buen principio para nosotros en estas instrucciones...

Las instrucciones para la Iglesia:

Obviamente nosotros vivimos en el mundo y Dios quiere que estemos en el mundo para cumplir con la misión que nos ha dado de evangelizar y hacer discípulos. Sin embargo, no "somos del mundo"; o sea, Dios no quiere que toquemos lo inmundo mientras que estemos sirviéndole en la misión de reconciliación que Él nos dio.

2Timoteo 1.19Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.

Pero, el pecado todavía mora en nosotros y a veces caemos. ¿Qué hacemos?

1Juan 1.9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Tenemos que "lavarnos" bien por medio de la confesión y "quebrar" lo inmundo (destruirlo) por medio del arrepentimiento. La confesión nos limpia (nos aleja de lo inmundo). Pero el arrepentimiento es lo que destruye lo inmundo en nuestras vidas porque es un cambio de parecer que resulta en un cambio de comportamiento (o sea, tomamos medidas para no volver a caer en lo mismo).

Sólo así podemos tratar con la cuestión del pecado en nuestras vidas. Dios no quiere que toquemos lo inmundo, pero cuando sucede Él nos ha dicho qué hacer. Tenemos que "lavarnos" bien (por la confesión) y "quebrar" el asunto para destruirlo.

Entienda que no todo trata de usted: Es para Dios: v29-30

Según Levítico 4, la sangre de las ofrendas por el pecado del sacerdote y por el del pueblo se llevaba dentro del tabernáculo, hasta el velo (rocían el velo con la sangre de estos sacrificios). Entonces, no se podían comer de la carne de estos sacrificios (Lev 6.30). Pero la sangre de las ofrendas por el pecado de un jefe (líder de una tribu) o por alguien común y corriente no se llevaba adentro (se aplicaba al altar y la demás se derramaba al pie del altar). Entonces los sacerdotes podían comer de la carne de estos sacrificios (Lev 6.29).

Entendamos la lección aquí: No todo trata de nosotros. Por supuesto, una parte del sacrificio de Cristo por el pecado tuvo que ver con nosotros (y podemos decir que "nos beneficiamos" por Su obra en la cruz).

Pero hubo otra parte de aquella obra que no tuvo nada que ver con nosotros, más bien fue algo únicamente para el Padre (algo entre el Padre y el Hijo). Cristo sufrió y murió por el pecado que contaminó la creación, y después Él llevó Su sangre "hasta el velo", hasta la presencia del Padre en el tercer cielo para purificar lo contaminado.

Esta parte no la tocamos. Esta parte es la que exalta a Dios como santo, justo y apartado del pecado. Esta parte es la que glorifica a Dios como el Omnibenévolo que sacrificó a Su propio Hijo para purificar lo contaminado y establecer la comunión con nosotros. Esta parte (el sacrificio que se llevó "adentro") no es para ningún hombre. Se consume totalmente en sacrificio al Padre.

Conclusión

Recuerde la lección central en la ofrenda por el pecado: El pecado contamina la morada de Dios.

Si queremos que Dios more en nosotros (si queremos ser salvos, si queremos nacer de nuevo por el Espíritu Santo), tenemos que tratar con este problema del pecado. Sólo Cristo puede purificar el lugar contaminado por el pecado (usted, el pecador). Pero usted (el pecador) tiene que reconocer su necesidad y llegar a Dios humilde, arrepentido y creyendo en Cristo como Su Señor y Salvador (su Sacrificio inocente y sustituto).

Cristianos, si queremos estar en comunión con Dios, también tenemos que tratar con este problema del pecado que todavía mora en nuestros cuerpos. ¿Cómo lo hacemos? (Lev 6.24-25) Como vimos en Romanos 6, entienda que en Cristo Dios lo ha separado a usted del pecado. El pecado está presente pero no reina sobre usted (usted no tiene que obedecerle al pecado).

  • (Lev 6.26) Así que, si quiere experimentar esta realidad en su vida cotidiana, lo que tiene que hacer es "comer" del sacrificio que se ofrece: "comer" las palabras de Dios todos los días para aplicarlas.
  • (Lev 6.27-28 con 1Juan 1.9) Si caemos en lo inmundo, tenemos que confesarlo y apartarnos del lo inmundo tomando las medidas necesarias para no volver a hacerlo. Es decir: Tenemos que "lavarnos" por la confesión y "destruir" lo inmundo por medio del arrepentimiento y un cambio de comportamiento (estilo de vida) para no caer en lo mismo.
  • (Lev 6.29-30) De esta manera tratamos con el pecado. Nosotros nos beneficiamos (obviamente: somos perdonados, aceptados, en comunión; v29). Pero Dios mucho más: Se exalta en Su santidad y justicia, y se glorifica en Su bondad (v20).

¿Qué tiene que hacer usted hoy para aplicar estas verdades acerca de "el pecado" y así andar en comunión con Dios en Cristo?

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