
Mensaje #10: (Lev 6.14-23) Nuestras obras para Dios [pdf | mp3]
En este pasaje vemos la segunda "ley" de las ofrendas: La ley de la ofrenda de grano. Recuerde que con estas "leyes" estamos enfocándonos más en nuestra "parte" en la comunión con Dios. Por medio de los cinco sacrificios (Lev 1-5) Dios se acercó a nosotros y ahora en las "leyes" de estos mismos sacrificios (instrucciones adicionales para los sacerdotes) estamos viendo cómo nosotros podemos acercarnos a Dios.
La flor de harina es el producto de la labor de uno. Uno trabaja con sus manos para cultivar el trigo y luego lo pasa por el proceso de molerlo hasta que sea el polvo blanco que se llama "flor de harina". Es un cuadro de nuestras buenas obras que ofrecemos a Dios. Es muy importante que vemos que esta ofrenda viene después del holocausto. Porque si tratamos de ofrecer las buenas obras para obtener el favor de Dios, caemos en el error de Caín. Pero hay que entender que Dios nos salvó para hacer buenas obras (para ofrecerle a Él esta "ofrenda de grano", el producto de nuestra labor aquí en la tierra).
La flor de harina se ofrece con aceite. Nuestras buenas obras se deben ofrecer a Dios con el "aceite" del Espíritu (el aceite, como vimos en Levítico 2, es un cuadro del Espíritu Santo). Dios ha preparado ciertas buenas obras para cada uno de nosotros y para poder llevarlas a cabo Él también nos dio Su Espíritu Santo (1Cor 12.1-11, 18). No hacemos las obras en nuestro esfuerzo sino el poder del Espíritu (dependiendo de Él). O sea, ofrecemos nuestra "ofrenda de grano" (la flor de harina, las obras) "con Aceite".
Todo el incienso se ofrece también. Aunque sólo se ofrece un puñado de la flor con el aceite, Dios quiere todo el incienso. Como vimos antes, el incienso es un cuadro de la gloria y la alabanza, lo que le agrada a Dios. No hacemos nuestras obras para nuestra propia gloria. Toda la gloria es para Dios (porque si no, no es una ofrenda aceptable delante del Señor).
Este pasaje de la ley de la ofrenda se divide en dos partes:
Como ya hemos visto (v14-15), estos versículos agregan muy poco a lo que ya hemos visto en Levítico 2. No obstante, destacan algo que sólo se mencionó antes:
Ahora, en esta iglesia no hablamos mucho de "diezmos y ofrendas". Creo que en una iglesia la congregación necesita una "dieta balanceada" de la Palabra y por esto predico expositivamente (para que no predique sólo lo que a mí me interesa). Sin embargo, cuando nos topamos con una doctrina o un principio importante en la predicación expositiva de un libro, debemos detenernos un poco para ver cómo lo podemos aplicar. Aquí Dios subraya el asunto de que el ministerio se sostienen por las ofrendas del pueblo. Entonces es un buen momento para hablar de lo que la Biblia dice de los "diezmos y ofrendas".
Fíjese bien en que este sistema no era para "enriquecer" a los ministros sino sostenerlos (v21). El ministro debe ser capaz (económicamente) de ofrecer su ofrenda de grano en "sartén". Recuerde que Dios permitió al pueblo ofrecer la ofrenda de grano cocido de tres maneras.
El sacerdote (el ministro de Dios) debe poder ofrecer su ofrenda de grano cocido en un sartén. O sea, no debe ser el más rico (con horno) ni tampoco el más pobre (con cazuela). Demasiados "ministros" hoy día creen que el ministerio existe para enriquecerlos. Pero a la misma vez hay demasiadas congregaciones que creen que su pastor debe ser uno de los más pobres (y por el mal pago del puesto de pastor, casi nadie que tiene preparación académica o habilidades vocacionales quiere ser pastor).
Según este principio, el ministro de Dios debe poder vivir como un miembro "promedio" de la congregación (ni como el más rico, pero tampoco como el más pobre). Además, Dios ha establecido más leyes y estatutos en cuanto a sostener a Su ministerios...
El sistema de diezmos y ofrendas en la ley servía para sostener tanto al ministro como también el ministerio (Num 18.8-24; v8-10, 21-24). Después del cautiverio babilónica, el pueblo de Dios dejó de sostener a sus ministros (Neh 13.10-13). ¿Qué pasó con el ministerio sin los ministros? ¡Se acabó porque los ministros (los levitas) tuvieron que "buscar trabajo"! Poco después de esto Malaquías escribió su famosa exhortación a diezmar: Israel había dejado de diezmar y ofrendar, y por lo tanto el ministerio no se pudo sostener (Mal 3.8-10).
Pero, ¿qué tienen que ver estos pasajes del Antiguo Testamento (para Israel) con nosotros (la Iglesia) viviendo bajo el Nuevo Testamento? Mucho...
No hay ninguna ley en el Nuevo Testamento que nos mande diezmar. Esto es claro. No obstante, esto no quiere decir que no haya mandamientos en el Nuevo Testamento acerca del dar. Dios manda a cada uno que dé dinero para sostener Su obra, la obra del ministerio. El contexto de 2Corintios 8 y 9 es una ofrenda especial para una necesidad especial. Lo importante es ver que para suplir las necesidades materiales y físicas del ministerio, Dios manda a los creyentes a dar dinero (y manda a "cada uno").
Dios manda que cada semana cada uno ponga aparte un porcentaje de su salario ("según haya prosperado"; el 10% sería un buen comienzo, ¿no?) para una ofrenda para la obra del ministerio.
Dios manda que una congregación pague a los ancianos (pastores), mayormente a los que trabajan en predicar y enseñar.
Como con el "sartén", un ministro debe poder vivir como cualquier miembro "promedio". Si el ministro no puede vivir de las ofrendas de su congregación, tendrá que ir y buscar trabajo (como los levitas en los días de Nehemías y Malaquías). Y, ¿qué pasa, entonces, con el ministerio? El ministerio sufrirá porque el ministro no tendrá tiempo para preparar buenos estudios (como 1Timoteo 5.17 dice, es trabajo prepararse para predicar y enseñar bien).
Es por esto que (exactamente como los sacerdotes y levitas vivían de las ofrendas de sus "congregaciones") el ministro de Dios hoy día tiene el derecho de vivir del ministerio...
Pablo habla del "derecho" de no trabajar (él y Bernabé, dos ministros en la obra).
Luego él da varios ejemplos que sirven para reforzar lo que está diciendo.
El que siembra lo espiritual entre los miembros de una iglesia debería poder trabajar con la esperanza de segar lo material (un salario) de los mismos miembros de la congregación. O sea, tanto el ministro como el ministerio se debería sostener por las ofrendas del pueblo.
Pablo vuelve a hablar de este salario del ministro como un "derecho".
El Apóstol se refiere a lo que estamos estudiando en Levítico: Diezmos y ofrendas para sostener a los sacerdotes y levitas en el ministerio del Antiguo Testamento. Con la frase "así también" en el versículo 14, vemos que el mismo sistema existe hoy.
El mandamiento: El Señor ordenó (mandó) que los ministros vivan del ministerio.
Es por esto que Pablo dice varias veces que es un "derecho" del ministro (el Señor lo mandó). Puesto que el ministro tiene el "derecho" de vivir del ministerio, los de su congregación tienen la responsabilidad de ofrendar para pagarle un salario "promedio" (ni el más rico pero tampoco el más pobre), para que él pueda dedicarse al trabajo de predicar y enseñar.
En este contexto, entonces, la exhortación de Malaquías se puede aplicar a cualquier iglesia local (Mal 3.8-10). Si un creyente no está ofrendando al ministerio de donde recibe su alimento espiritual, está robando a Dios (porque no está pagando al ministro que le está enseñando la Palabra para que dicho ministro pueda seguir en su ministerio).
Por ejemplo: De todos los asistentes regulares de esta iglesia, ¿cuántos están ofrendando un porcentaje de sus salarios cada semana (o quincena)? ¿Cuántos están diezmando (mínimo)?
Otro ejemplo: Hay muchos cristianos en Costa Rica que reciben su alimento espiritual por nuestro sitio web, pero asisten a otras iglesias porque "les gusta la música" o "está más cerca", pero no reciben buena edificación por la predicación allá. O sea, reciben "lo espiritual" acá pero dan "lo material" allá (1Cor 9.11). ¿Será justo o un robo?
OJO: No estoy hablando de otros países. Ellos no pueden asistir a esta iglesia. Estoy hablando de la gente aquí que, por cuestiones de gusto o de comodidad están robando este ministerio de sus ofrendas porque siguen alimentándose por el trabajo que se hace aquí en esta iglesia pero dan sus diezmos y ofrendas allá en donde asisten.
El que recibe "lo espiritual" de parte de un ministerio tiene la responsabilidad delante de Dios (porque el Señor lo ordenó) de sostener a dicho ministerio con "lo material" (1Cor 9.11). El sistema que vemos en la ofrenda de grano (1Cor 9.13) es el mismo que existe hoy día (1Cor 9.14, "así también"): El ministro debe vivir de las ofrendas del pueblo (el ministerio se sostiene por las ofrendas del pueblo). Si uno no ofrenda al ministerio que le está alimentando, está robando a Dios (además de robar al ministerio y al ministro que le están alimentando).
Primero que nada Dios quiere nuestros corazones: Quiere que seamos "holocaustos vivos".
Pero la siguiente ley es la de la ofrenda de grano: El producto de la labor de uno en la tierra.
Pero en la ley de la ofrenda de grano Dios destaca algo muy específico y creo que lo hace a propósito.