
Mensaje #9: (Lev 6.8-13) La consagración total y voluntaria a Dios [pdf | mp3]
Con Levítico 6.8, hasta el final del capítulo 7, vemos las "leyes" de los sacrificios. Vemos los mismos cinco sacrificios, pero en un orden diferente y ahora con más detalles. Esta sección es principalmente para los sacerdotes (Aarón y sus hijos; Lev 6.9a) y sirve como un "manual" para ellos, dándoles más información sobre lo que tienen que hacer con las ofrendas.
Esta sección de las leyes de los sacrificios tiene una aplicación también para nosotros. En las "leyes" vemos nuestra parte (responsabilidad) en establecer y mantener la comunión con Dios. La primera vez que vimos los sacrificios, vimos cómo es que Dios se acercó a nosotros. Ahora vamos a ver que, con base en lo que Dios ha hecho, ¿cómo podemos acercarnos a Dios?
La primera "ley" que vemos es la ley del holocausto (Lev 6.8-13). Cristo llegó a ser nuestro holocausto en la cruz y ahora nos toca vivir cada día como "holocaustos vivos".
Piense en el cuadro histórico: El fuego del altar era visible para todos los judíos alrededor. El altar con el fuego ardiendo continuamente quedaba en mero centro del campamento de Israel. Durante el día todo los israelitas podían ver siempre el humo del holocausto subiendo. Pero aun más, durante la noche siempre podían ver la luz del fuego (ardiendo toda la noche).
El altar de bronce era el lugar en donde Dios juzgaba el pecado. El fuego del altar, entonces, era una manifestación de la justicia de Dios y de Su ira que derramaba sobre el pecado y el pecador. El fuego del altar de bronce nunca se apagaba porque...
Podemos ver, entonces, que aquella luz del fuego del altar del holocausto servía para dos cosas. Primero, era un aviso continuo que todos podían ver (un fuego ardiendo durante la oscuridad de la noche)... un claro aviso de la justicia de Dios y de Su justo juicio sobre el pecado.
Segundo, con este "aviso", el fuego era una manifestación del llamado (la invitación) de Dios al pecador. Dios estaba avisando a todos del justo juicio sobre el pecado, pero a la misma vez estaba llamándolos a todos al arrepentimiento en a la fe en el sacrificio sustituto. Uno mismo (el pecador) no se quemaba sobre el altar, sino su sustituto. Es como si Dios estuviera llamando a todos al arrepentimiento:
Además, el mensaje del sustituto era de igual manera claramente anunciado, que Dios aceptaría al pecador si se acerca con el sacrificio indicado para ser su sustituto (un llamado a la fe).
Nosotros también necesitamos mantener el fuego del "holocausto" ardiendo toda la noche. La "noche" en la Biblia representa el tiempo cuando Jesucristo (la Luz) no está sobre la tierra. Cristo es la luz que alumbra a todo hombre y cuando Él estaba en la tierra era como el "Sol". Pero Él volvió al tercer cielo (en Hechos 1) y en aquel entonces la noche empezó. La noche en la Biblia es un cuadro de la época de la Iglesia, hasta que el "Sol" viene en la Segunda Venida.
Ahora nosotros somos la luz en este mundo.
Nosotros debemos reprender las malas obras de los que andan todavía en las tinieblas. Nosotros somos "la luz (del sacrificio)" que manifiesta el aviso de la justicia de de Dios y de Su justo juicio que está por venir. Nosotros somos "la luz del altar del holocausto" que anuncia la invitación a la salvación por medio del Sustituto, Jesucristo.
Nosotros somos la luz de este mundo durante toda la noche de la ausencia de Cristo. Tenemos que anunciar las "malas noticias" de la justicia de Dios y el justo juicio por venir. Tenemos que anunciar las "buenas nuevas" de que uno puede ser acepto en el Amado y gozar de la salvación por medio del Sustituto, Jesucristo. Este "fuego" de una vida consagrada a Dios nunca debe apagarse; es un fuego que debe arder continuamente toda la noche, hasta que el Señor vuelva a estar entre nosotros.
Dios quiere que nosotros mantengamos el fuego del holocausto ardiendo toda la noche: Romanos 12.1. Pero, lastimosamente muchos han dejado que el fuego se apague. No arrojan la luz del evangelio porque han dejado de presentarse a Dios cada día como un "sacrificio vivo" para vivir y andar conforme a la voluntad de Dios. Vamos a ver luego (v12) cómo podemos avivar este fuego, pero primero tenemos que hablar del altar, porque se llena de ceniza todos los días y hay que mantenerlo limpio.
El mismo sacerdote que era responsable por el fuego, era responsable también por la limpieza del altar: Cada día tuvo que limpiar el altar de la ceniza del holocausto.
Primero, tenía que ponerse su vestidura de lino (cubrir todo su cuerpo en blanco; v10a). Luego, apartaba las cenizas de sobre el altar poniéndolas a la par del mismo (v10b). Después, se cambiaba la ropa: Se quita la ropa blanca de lino y se pone "otras ropas" (v11a). Así, vestido de la "otra ropa" (no la de lino), él sacaba las cenizas "fuera del campamento" (v11b).
Nosotros también tenemos que mantener el "altar de nuestras vidas" limpio de la ceniza. Cuando nos ofrecemos a Dios cada día como "sacrificios vivos" para servirle en este mundo, resulta en "ceniza" (los "restos" del sacrificio, lo que no sirve, lo que se bota—la maldad). La manera de "botar" estos "restos" de nuestras vidas "quemadas por Dios" es la confesión.
Hacemos esto, primero, delante de Dios (como el sacerdote, en el tabernáculo: v10). Como el sacerdote se vestía de lino para hacer esta parte de la limpieza, así es cómo Dios nos ve también. El lino fino, blanco como la nieve, es cómo Dios nos ve en Cristo cuando hacemos buenas obras (obras como la de confesar el pecado y la maldad para apartarnos de ellos).
Pero, el mundo no nos ve así. Más bien, el mundo nos ve en "ropa común y corriente".
Entonces, antes de salir de la presencia de Dios, el sacerdote tuvo que cambiarse la ropa. Tuvo que quitarse la ropa blanca de lino y ponerse "otra ropa" para sacar la ceniza afuera. Así es como el mundo nos ve cuando salimos de un tiempo de confesión y arrepentimiento. No nos ve con la ropa de las "acciones justas" (todo blanco). Más bien, no ve ninguna diferencia en nuestra apariencia... sólo nos ve botando la ceniza.
Es por esto que cuando salimos "fuera del campamento", llevamos el vituperio de Cristo. Tal como el mundo se mofó de Él saliendo "fuera del campamento" con Su cruz, así hará con nosotros también cuando salimos "botando la ceniza" de nuestras vidas quemadas por Dios.
Si no limpiamos el altar de la "ceniza" de pecado y maldad, el fuego pronto se ahoga y se apaga.
Dios quiere que el fuego del sacrificio vivo de nuestras vidas arda toda la noche. Para lograr esto, tenemos que pasar tiempo todos los días limpiando el altar de la ceniza—de los restos de una vida consagrada (restos que nos sirven para nada, restos que tenemos que botar). Ahora Dios nos da instrucciones para cada mañana, instrucciones para mantener el fuego bien vivo.
Cada mañana el sacerdote tenía que hacer tres cosas en cuanto al altar y el holocausto. La primera cosa que tenía que hacer era ponerle más leña al fuego (para que siguiera ardiendo). Obviamente ningún fuego dura mucho sin combustible. Así que, el sacerdote tenía la responsabilidad de echarle más leña al fuego para que ardiera continuamente y no se apagara.
Cada mañana, nosotros debemos hacer lo mismo. En la Biblia, los hombres son como árboles (Dios usa los árboles como cuadros del hombre). La leña es el árbol separado de la raíz y muerto: Es un cuadro de la carne (el viejo hombre). Si quiere mantener el fuego de una vida consagrada bien "vivo", ardiendo continuamente, cada mañana échele más leña.
Reconozca que ese viejo hombre es "leña" (separado de usted, muerto) y despójese de él; acabe con él en el fuego de su consagración a Dios.
Recuerde que en las "leyes de los sacrificios" el holocausto es usted, el "sacrificio vivo". Cada mañana usted debe "acomodar" este sacrificio sobre el altar, para ofrecerlo todo a Dios.
O sea, cada día usted debe renovar su compromiso con Cristo a seguirle a Él y negarse a sí mismo.
Cada mañana, eche más leña al fuego (despójese del viejo hombre) y acomode el holocausto (renovando su compromiso a seguir a Cristo—a vivir como Él quiere).
La tercera cosa que el sacerdote hacía cada mañana era quemar sobre el holocausto las grosuras de los sacrificios de paz. (¿Qué hacen las llamas cuando se les derrita la grosura sobre ellas?) Recuerde que se ofrecía el sacrificio de paz en agradecimiento a Dios (Lev 7.11-12a). Además se ofrecía como "voto" o "voluntario" para expresarle lealtad y fidelidad (Lev 7.16).
Yo sé cómo es la vida de un cristiano que quiere vivir como un "sacrificio vivo"... A veces nos cansamos... nos desanimamos... nos enojamos con Dios... y el fuego se apaga.
¡Avive el fuego cada mañana quemando la grosura del sacrificio de paz! En su tiempo a solas. Empiece con el agradecimiento y termine con el compromiso de lealtad y fidelidad.
Haga esto la próxima vez que usted se siente "apagado" (deprimido, cansado, desanimado). Busque un lugar a solas con Dios y lea Isaías 53 (la profecía del sufrimiento de Cristo por nosotros) o cualquier pasaje de la crucifixión en los Evangelios. Después, en voz alta dele gracias a Dios por cada cosa que usted tiene en Cristo o aun por cualquier buena cosa que haya en su vida (porque todo lo bueno viene del Padre). Gracias por... la salvación, la vida eterna, el perdón de todos los pecados, la Biblia, la esperanza, la bondad de Dios (que Él no es malo y cruel), el aire que respiramos, la comida que tenemos, las amistades, los miembros de nuestras familias... ¡todo, todo, todo!
Si Dios no le diera ni siquiera una cosa más, ya se lo ha dado todo en Cristo Jesús. Así, de esta manera, el fuego de su dedicación y consagración se aviva y usted podrá renovar su lealtad y fidelidad a Dios para seguir a Cristo un día más. Esta es la "grosura" que aviva el fuego del holocausto para Dios cada mañana (y es el "secreto" de superar el cansancio y el desánimo que vienen con una vida consagrada a Dios).
Dios quiere que el fuego del holocausto arda continuamente y que nunca se apague (v13).
Es este "fuego" que testificará al mundo entero de la justicia de Dios y de la salvación en Cristo Jesús. Este fuego resultará en "ceniza" que tenemos que limpiar cada día para que el fuego pueda seguir ardiendo sin impedimento (es la "ceniza" de los restos de nuestras vidas de antes... el pecado y la maldad). Este fuego necesita atención cada mañana (en un "tiempo a solas" con Dios):
De esta manera, podemos vivir cada día para Dios y glorificarle haciendo la obra que Él nos dio que hacer.