
Mensaje #8: (Lev 5.14-6.7) La satisfacción de la justicia de Dios [pdf | mp3]
Tema: Cristo satisfizo la justicia de Dios y canceló la deuda de cada uno de nuestros pecados.
La ofrenda por la culpa es la última de los cinco sacrificios en Levítico. En cada uno de los sacrificios vemos un aspecto diferente de la obra que Cristo hizo por nosotros:
Hay dos ocasiones de esta ofrenda.
Dios requiere la ofrenda por la culpa cuando uno comete una infracción de la ley y peca contra Dios "en las cosas santas" (o sea, en las cosas de Dios: v19). Esto, en términos generales, trata de la primera tabla de la ley—los mandamientos que tienen que ver con nuestra relación con Dios (la "relación vertical").
Una falla en amar a Dios con todo el corazón, es una infracción de la primera tabla de la ley.
Hasta ahora hemos visto pecados "por yerro" (v15; por error—"sin hacerlo a sabiendas": v17). Aquí vemos pecados intencionales; uno sabe exactamente lo que está haciendo (v2-3). Este es el tipo de pecado en que "suele ofender" el hombre: Pecados intencionales contra otros. Pero al final de cuantas, aunque son pecados contra el prójimo, son pecados contra Jehová (v2).
Vemos este tipo de pecados en la segunda tabla de la ley (las "relaciones horizontales").
Una falla en amar al prójimo como a uno mismo, es una infracción de la segunda tabla de la ley.
Así que, cuando uno comete cualquier pecado (contra Dios o contra el hombre), es culpable y tiene que ofrecer la ofrenda por la culpa.
Es un sacrificio "por la culpa" porque se debe a la "culpa" del "culpable" que violó la ley (v1). El sacrificio sustituto tiene que morir (porque la paga del pecado siempre es la muerte; v2a). Se aplica la sangre al altar de bronce en el atrio (el altar del holocausto; v2b). Ofrecen la grosura y los riñones en reconocimiento de la paz que el sacrificio logra (o sea, es parecido a lo que se hace en el sacrificio de la paz en Levítico 3; v3-4). Queman la grosura y los riñones sobre el holocausto (el holocausto es "la base" de todo; v5). El resto del animal se da a los sacerdotes para comer (v6). Al final, vemos que este sacrificio es muy parecido a la ofrenda por el pecado (v7).
Hasta aquí en el rito, todo es muy parecido a lo que hemos visto en otros sacrificios. Ahora fijémonos en las diferencias (las cosas "únicas" en la ofrenda por el pecado).
No había ninguna provisión de sustitutos para los pobres como en los otros sacrificios. Aquí se exige lo mismo de todos: un carnero. No hay acepción de personas. Es así porque esta ofrenda trata de la justicia—del pago justo por cada pecado. Bien sea que uno es rico o pobre, la justicia le exige el mismo precio: La muerte y el castigo. La paga del pecado es la muerte (para todos): la muerte física, la espiritual y la eterna. Todos los pecadores sin Cristo tienen que llevar el castigo eterno del lago de fuego.
Todos incurrimos en la misma deuda delante del Juez Justo cuando pecamos, entonces todos tenemos que pagar el mismo precio. En el Tribunal de Justicia de Dios, el Juez Justo no hace acepción de personas.
O sea, además de la muerte, el culpable tiene que sufrir el castigo de una "multa". El culpable tiene que pagarle al que él ofendió; tiene que pagarle por la ofensa que le causó. Es por esto que tienen que sacar una estimación del valor del carnero; es para que el culpable agregue una quinta parte del valor del carnero a su ofrenda (Lev 5.15). En cuanto a pecados contra el prójimo, uno tiene que restituir aquello que robó o defraudó y también agregarle la quinta parte (un "doble diezmo"; Lev 6.4-5).
Es un castigo: Es una "multa" que uno tiene que pagar al que se ofendió por su pecado. Es por esto que la ofrenda por la culpa trata con "los" pecados y sus consecuencias. Trata con la deuda que uno tiene por cada pecado que ha cometido.
Con cada pecado que comete, uno va "atesorando" castigo (castigo que recibirá en el Juicio).
No se puede esconder nada de Dios. Él lo llevará todo al juicio (pensamientos, palabras, acciones).
Los pecados han ofendido a Dios; son infracciones de Su santa ley y ofensas personales contra Su santo carácter. Hay una deuda que cada pecador tiene que pagar (y esto nos lleva a lo siguiente).
Se trata de la satisfacción de la deuda en que uno incurre por haber pecado (es para "cancelarla"). Por cada pecado, la balanza de la justicia se inclina por un lado y Dios exige el pago justo por cada uno de ellos para re-establecer la justicia (el equilibrio de la balanza). Esto requiere la muerte (del carnero) y el castigo (el sufrimiento de la paga de la multa).
Sin un sustituto inocente, uno mismo tiene que pagar la multa por sus propios pecados (tiene que cancelar toda su deuda por haber infringido la ley de Dios). Tiene que morir.
Después de la muerte será juzgado (por cada pensamiento, palabra y acción; nada se esconde).
Y Dios, el Juez Justo, dará "retribución" (la justa "recompensa") por cada pecado: Sufrirán la pena de eterna perdición en el lago de fuego.
No obstante, hay un Sustituto: "El Carnero" (y no hay otras opciones; es el mismo para todos). La ofrenda por la culpa se menciona también en Isaías 53:
La frase ofrenda por la culpa (en hebreo) se traduce aquí expiación por el pecado (v10). Cristo es nuestra ofrenda por la culpa porque Él pagó la deuda por todos nuestros pecados. Sufrió la aflicción que merecemos y así satisfizo la justicia de Dios (v11).
Cristo llevó nuestros pecados en la cruz.
Cristo sufrió la ira de Dios por cada uno de nuestros pecados.
Y después de sufrir el castigo que merecemos, Cristo murió por cada ser humano—en nuestro lugar, como nuestro Sustituto.
Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.*[Hebreos 2.9
Lo que no se pudo lograr con los sacrificios de los animales (Heb 10.1-4). Cristo logró una vez para siempre (Heb 10.10-18). Él pagó toda la deuda. Sufrió todo el castigo eterno por todos los pecados de todos los hombres. Después, Él murió en nuestro lugar, como nuestro "Carnero sustituto".
Cristo satisfizo la justicia de Dios y canceló la deuda de cada uno de nuestros pecados.
¡Vea la bondad, amor y benignidad de Dios en lo que Cristo hizo por nosotros!
No menospreciemos el sacrificio de Dios. No despreciemos todo lo que Él hizo por nosotros.
La benignidad de Dios (todo lo que ha hecho por nosotros y todo lo que quiere hacer por nosotros) debe guiarnos siempre al arrepentimiento.