
Levítico, Mensje #5: Un cuadro de la consagración de Cristo [pdf | mp3]
En esta ofrenda "sin sangre" vemos el fruto de las obras que el judío dedica, consagra y ofrece a Dios. Obviamente hay mucho aquí que podemos aprender de nuestras obras que ofrecemos a Dios (y lo haremos luego cuando lleguemos a Levítico 6-7 y "las leyes" de las ofrendas).
Entonces, en Levítico 2 vemos un cuadro de las obras de Cristo—de Su dedicación y consagración en todo. Todo lo que Él hacía en la tierra (Su labor aquí) lo dedicaba y lo consagraba (siempre) al Padre.
Veamos, entonces, lo que Levítico 2 nos puede enseñar acerca de la vida y las obras de Cristo Jesús.
En los primeros tres versículos de Levítico 2, vemos los tres elementos de esta ofrenda y nos forman un cuadro de tres aspectos de la dedicación y consagración de Cristo
Primero, se ofrece flor de harina. La flor de harina es el grano "procesado". Se tiene que "golpear" las espigas ("desmenuzarlas") para sacar el grano y luego lo muelen hasta que se convierta en polvo (un polvo blanco como la nieve).
Así fue la vida de Cristo sobre esta tierra. Él nació aquí como hombre—como "una espiga más" en la tierra (obviamente diferente). Durante toda Su vida Él sufrió—fue "golpeado y molido" por la tentación, por el diablo y aun por los hombres—hasta que al final sólo se veía lo blanco que Él era (puro y sin mancha).
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras [Isaías 53.3-4enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
Segundo, sobre la flor de harina se echa aceite. Aceite en la Biblia es un cuadro del Espíritu Santo y cuando Cristo empezó Su ministerio público (Sus obras en la tierra que ofrecería a Dios Padre), fue ungido por el Espíritu Santo.
Él mismo se refiere a esto como la "unción" del Espíritu, como la "unción" (ungir) del aceite.
Pero también es importante observar que no sólo "ungían" la ofrenda con el aceite, sino también "amasaban" la misma con el mismo aceite (v4-7). O sea, el aceite estaba adentro (formaba parte de la masa) y afuera ("ungiendo" la masa). Cristo tenía el Espíritu adentro (porque Él era Dios en la carne) y también afuera (porque recibió la "unción" del Espíritu en Su bautismo... la unción "para" guiarlo en la obra).
Tercero, con la harina y el aceite se ofrecía también incienso. Observe que se ofrece una parte de la flor de harina con una parte del aceite (lo demás era para los sacerdotes, para comer; v2-3). Pero se ofrece todo el incienso; los hombres (sacerdotes) no reciben nada del incienso—es total y completamente consagrado y dedicado a Dios. Todo el incienso es para Él.
El incienso es un cuadro de la adoración—de adorar a Dios, alabarle y glorificarle (es lo que resulta en un "olor grato" y agradable a Jehová; es lo que "le agrada"). Las obras que Cristo hacía en esta tierra eran totalmente dedicadas a la gloria de Dios.
Así era la ofrenda del grano sin cocinar. Ahora vemos instrucciones acerca del grano cocido.
En los versículos del 4 al 10 vemos la ofrenda de grano cocido y es cuadro del sufrimiento y la aflicción de la vida de Cristo. La flor de harina, con el aceite, se metía en el fuego para cocinarse. Bien sea en un horno o sobre un fuego abierto, aquí la masa se cocina por el calor del fuego.
Esto nos muestra un cuadro de Cristo Jesús, el que fue perfeccionado en todo lo que hacía en el "horno de aflicción".
Jesucristo se perfeccionó por las aflicciones.
Obviamente Su naturaleza divina era perfecta (no se perfeccionó—es "inmutable"). Pero Su naturaleza humana, sí, se perfeccionó en el sentido de 2Timoteo 3.16-17: En las aflicciones Cristo creció y fue preparado enteramente para toda buena obra.
Jesucristo aprendió a obedecer al Padre siempre y en todo por medio del padecimiento.
Nunca desobedeció, pero Él era siempre tentado fuertemente a escoger Su propia voluntad (humana) en vez de la voluntad del Padre, como en Getsemaní:
Sin embrago, a pesar de lo que padeció, Cristo nunca pecó—nunca desobedeció.
En este contexto, comparemos lo que la Biblia dice de la vida cristiano con el mensaje moderno. Cristo era un "varón de dolores" (Isa 53.3-4) y aun Él aprendió a obedecer por lo que padecía (vivía cada día de Su vida en esta tierra en un "horno de aflicción"—Su vida se marcó por la aflicción). Y nosotros somos llamados a "seguir Sus pisadas":
Si queremos seguir Sus pisadas, imitarlo y así vivir piadosamente... ¿por qué nos extraña cuando experimentamos aflicción? ¿Por qué nos extraña cuando experimentamos dolores en vez de alegría y comodidad? No se engeñe, el discípulo no es superior a su Maestro y Él era "varón de dolores".
En Levítico 2.11-13 vemos la ofrenda de grano y unas instrucciones específicas. La ofrenda tiene que ofrecerse sin levadura porque la vida de Cristo era sin la corrupción. La levadura en la Biblia es un cuadro de la corrupción de la mala doctrina (Mat 16.5-12; Gal 5.9) y también de la corrupción del pecado (Luc 12.1; 1Cor 5.6-8). La vida y las obras que Cristo ofreció al Padre eran totalmente libres de esta "levadura".
La ofrenda tiene que ofrecerse también sin miel. La miel en la Biblia es un cuadro de la Palabra de Dios, la Escritura.
Cristo, en Su naturaleza humana, fue hecho perfecto en el "horno de aflicción" (aprendió la obediencia por lo que padeció). Pero la Palabra de Dios no necesita meterse en el "horno" para perfeccionarse. La Palabra (la Escritura) fue perfecta cuando Dios la inspiró en los originales y ella no ha cambiadodesde entonces porque Dios la ha preservado. La Palabra fue perfecta cuando Dios la dio, ha sido preservada perfecta y será así para siempre.
Es por esto que siempre vemos a Cristo referirse a la Escritura como la autoridad final y nunca lo vemos corregirla ni hablar de mejorarla ("una mejor traducción sería").¡Y Él fue el Autor! No hay manera de "mejorar" la Escritura; la miel no se mete en el horno para "perfeccionarla". Dios no acepta la ofrenda de grano con miel y no aceptará las obras de los que quieren "perfeccionar" la Escritura—o sea, los que quieren ofrecernos "una mejor traducción de los manuscritos más antiguos y confiables". Para decirlo así:
Pero Dios requiere sal en toda ofrenda siempre (v13). La sal preserva y prohíbe la corrupción. En esto Dios quiere que sepamos que lo que tenemos en Cristo (en Su Persona y Sus obras) es algo eterno que nunca jamás se corromperá—es un "pacto de sal", un pacto eterno.
En Levítico 2.14-16 vemos una ofrenda de las primcias del grano. Y al final de cuentas, todas estas obras santificadas de Cristo deberían ser "las primicias" de una cosecha mucho más grande.
Dios da instrucciones aquí para una ofrenda de espigas verdes (no flor de harina) y en esto podemos también ver a Cristo y Sus obras en la tierra. La ofrenda se tostaba al fuego, como la vida de aflicción de Cristo. El grano fue desmenuzado, como Cristo era "golpeado" por nosotros. Siempre se ofrecía con aceite (un cuadro del Espíritu Santo) e incienso (porque es para la gloria y alabanza de Dios; para agradecerle y así agradarle). Y todo se ardía sobre el fuego como ofrenda dedicada y consagrada a Dios (como fue la vida de Cristo).
Pero aquí podemos ver una lección para nosotros en que era una ofrenda de las "primicias". Las primicias eran los primeros frutos antes de la cosecha general (o sea, la cosecha más grande). En Levítico 2 hemos visto la vida y las obras de Cristo, pero todo lo que Él hacía debe ser como "las primicias" porque debe haber una cosecha de Sus mismas obras—una cosecha aun más grande.
En Cristo, Dios nos hizo para obras—para vivir dedicados y consagrados al plan y a la voluntad de Dios.
Esto implica que tenemos que pasar por el "horno de aflicción" mientras que Dios "nos muele" con la Palabra para perfeccionarnos y prepararnos para dichas obras.
Entonces, si ya sabemos esto... ¡No nos cansemos de trabajar porque nuestra obra en el Señor no es en vano; más bien es el incienso que le agrada al Padre!
Cristo se dio a Sí mismo por nosotros...