
Levítico #4: La ofrenda del holocausto, un cuadro de Cristo en la cruz [pdf | mp3]
Levítico es un libro acerca de la comunión con Dios. Dios quiere estar en comunión con el hombre, pero el hombre ha caído (y anda) en pecado. Por esto vemos que Dios estableció un sistema de sacrificios en Levítico 1-10. Después le enseña al hombre a cómo andar en la santidad (porque Dios es santo): Levítico 11-27.
En esta lección vemos el primer sacrificio, que es también la base de todas los demás que siguen: El holocausto. Levítico 1 contienen las instrucciones que Dios dio a Israel por medio de Moisés acerca del holocausto. Y nosotros queremos saber dos cosas: El propósito de este sacrificio (¿por qué y para qué se ofrecía) y también el significado del mismo (¿qué tiene que ver con nosotros hoy día?).
Hay muy poca información sobre el propósito del holocausto en Levítico 1. Es curioso que en este capítulo, que trata en su totalidad del holocausto, que no hay casi nada que indica el propósito de esta ofrenda. Es casi como si todos de aquel entonces supieran por qué se ofrecía este sacrificio, entonces no necesitaban muchos detalles sobre este asunto. Pero, con nosotros puede ser diferente. ¿Por qué y para qué se ofrece el holocausto?
Levítico 1.4 contiene una "pista" del propósito del holocausto: Era "para expiación suya". Si juntamos esto con lo que vemos en los versículos 9, 13, 17, que el holocausto era "de olor grato a Jehová", podemos entender algo del propósito del holocausto. Es algo para "expiar" (borrar) la culpa del hombre delante de un Dios airado y por esto resulta en un "olor grato" (o sea, le agrada a Dios; le "calma"). Pero esto es todo lo que vemos en este capítulo sobre el propósito del holocausto. Si queremos más información, tenemos que buscar en otros lugares de la Biblia. Yo no hay mejor lugar en donde buscar que en la primera mención de "holocausto".
La primera mención del holocausto define claramente su propósito. Después del diluvio, Noé ofreció un holocausto y aquel olor grato movió a Dios a cambiar Su actitud hace los hombres pecadores. Antes del diluvio el hombre era malo—más malo no pudo haber sido.
Su maldad atrajo la ira de Dios en juicio divino sobre toda la tierra.
Después del diluvio el hombre no había cambiado (era tan malo como antes), pero debido al holocausto, la actitud de Dios hacia el pecador cambió. El sacrificio del holocausto era la manera de establecer la paz para con Dios—era la manera de aplacar Su ira y ponerlo "propicio" con el pecador (propicio: inclinado a hacerle bien).
¿Cuál era el propósito del holocausto? ¿Por (para) qué se ofrecía? El holocausto se ofreciá para propiciar (aplacar) la ira de Dios contra el pecador.
El holocausto no le quita a uno el pecado ni tampoco le cambia su naturaleza pecaminosa. O sea, el holocausto no se enfoca en el pecado—no resulta en un cambio en él (particularmente). El holocausto "propicia" la ira de Dios contra el pecador. Es una "propiciación".
Puesto que el hombre, en su mera naturaleza, es pecaminoso, siempre hay "fricción" entre él y Dios, Quien es santo, justo y bueno. El holocausto, entonces, se ofrecía para librar al pecador de las consecuencias de su pecado delante de Dios y así protegerlo de la ira de Dios. El holocausto se ofrecía para "cambiar la actitud de Dios" hacia el pecador. En vez de estar airado contra él, Dios (después del holocausto) estaba inclinado a hacerle bien.
De esta manera el holocausto era "para expiación suya" (Lev 1.4). Dios, en Su infinita gracia y misericordia, permitió que un sustituto inocente sufriera la ira que el hombre pecador merecía. De esta manera la culpa del pecador se borró (se expió) delante de Dios y la paz se estableció.
Hoy nosotros no tenemos que ofrecer estos holocaustos porque Cristo ya se ofreció a Sí mismo en holocausto por nosotros. Cristo llegó a ser nuestra "propiciación" (Rom 3.21-26).
Recuerde que propiciar quiere decir ablandar o aplacar la ira de uno haciéndole favorable y benigno hacia el otro (inclinado a hacerle bien). Cristo es nuestra "propiciación". Debido a Él y Su obra en la cruz Dios quiere hacernos bien.
Antes de recibir a Cristo, éramos enemigos de Dios y Su ira estaba todos nosotros.
Pero ahora en Cristo, por Su sacrificio en la cruz, somos reconciliados con Dios. O sea, ya somos salvos de la ira porque Cristo la sufrió toda, en nuestro lugar como nuestro Sustituto.
Ahora, Dios es "propicio" con nosotros que tenemos a Cristo; tenemos paz para con Dios.
Entonces, en el holocausto de Levítico 1 vemos la ira de Dios sobre el pecado y el pecador (entonces podemos ver un cuadro de cómo será para el inconverso que sufrirá la ira de Dios porque no tiene la salvación). También vemos el sacrificio sustituto del Hijo de Dios: el Justo que murió por los injusto para llevarnos a Dios. Y esto nos lleva al siguiente punto de estudio: Un análisis del contenido de Levítico 1.
No hay nadie excluido: Cuando Dios dice "alguno", esto quiere decir que cualquiera puede ofrecer el holocausto y estar en paz con Dios (v2a). Es igual hoy día con el holocausto de Cristo: ¡No hay nadie excluido!
Además, debemos observar que Dios requiere un sacrificio del vacuno (de las vacas; un becerro) o del ovejuno (del rebajo; una oveja o una cabra); luego permite también aves (v2b). Son animales comunes entonces estaban cerca de todos y disponibles para quienquiera. Nadie tuvo que ir hasta lo último de la tierra haciendo una gran obra para aplacar la ira de Dios. Como Pablo dijo en Atenas: (Hech 17.27) Dios no está lejos de ninguno de nosotros.
Sin embargo, vemos en esto que el ofrecer este sacrificio le cuesta a uno. En aquel entonces la carne (para comer, etc.) sólo era para los ricos. Era muy costosa. Entonces, aunque la salvación estaba cerca y disponible, siempre había un gasto que uno tuvo que calcular antes ofrecer el holocausto. Es lo mismo hoy: Cristo es el Sustituto, el Holocausto; Él ya hizo toda la obra y la salvación se ofrecer a todos (no está lejos de nadie). Sin embargo, si uno quiere recibirlo (si uno quiere esta salvación), le va a costar porque Cristo quiere ser la prioridad ("Señor").
Después de estos dos versículos de introducción, el capítulo se divide fácilmente en tres partes.
Puesto que los versículos del 10 al 17 repiten muchos de los detalles que se ven en el primer pasaje acerca del holocausto del vacuno, vamos a estudiar los detalles de este sacrificio usando los versículos del 3 al 9 como base (y después veremos unas cosas importantes de los otros dos pasajes).
El animal para el holocausto tenía que ser "macho" y "sin defecto". Obviamente vemos un cuadro de Cristo (un hombre; un "macho") que era perfecto (sin defecto en todo sentido).
Pero además de esto no debemos perder la lección en la frase "de su voluntad". A pesar de los errores del Calvinismo que todavía andan en el cristianismo, Dios no le obliga a nadie a ser salvo, ni tampoco excluye a nadie. Dios hace Su obra en todos los hombres para llevarlos a Cristo y Él salvará a todos los que le responden "por su propia voluntad" (o sea, por su propio libre albedrío). Si usted, o quien sea, quiere ser salvo, sólo necesita el sacrificio: ¡Cristo!
Después de escoger su becerro sin defecto, el pecador pondría su mano sobre la cabeza del animal. Observe que Dios no acepta el sustituto en lugar de uno hasta que el individuo pone su mano sobre la cabeza del sacrificio. Con imposición de manos el pecador estaba, primero, identificándose con el sacrificio. O sea, estaba indicando personal y explícitamente que aquel anima era su sustituto. Además, el acto de ponerle manos significaba una transferencia: Uno puso sus pecados sobre la cabeza del sustituto.
Es lo mismo con nosotros hoy día. Cristo llevó nuestros pecados; el Padre "cargó en Él el pecado de todos nosotros".
Pero Dios no aplica el sacrificio de Cristo a la cuenta de un pecador hasta que él (el pecador) se identifica con dicho sacrificio.
Si uno no "se identifica" personalmente con Cristo, la obra del Señor no es aceptada "para expiación suya". Tiene que recibir a Cristo personalmente. Pero, con la imposición de manos, el pecador tiene un sustituto inocente para ofrecer a Dios en su lugar, en "holocausto".
Los sacerdotes entrarán en la historia luego; todavía estamos viendo lo que el pecador hace. Lo que cada uno de nosotros tenemos que entender es que nosotros matamos a Jesucristo. Sabemos que la crucifixión fue el plan de Dios desde siempre y que el Padre derramó Su ira sobre Su Hijo. En este sentido "Dios el Padre lo hizo". Pero la ira que Cristo sufrió era la nuestra. La muerte era la nuestra. El dolor y el sufrimiento eran los nuestros. Nosotros fuimos los que causamos la muerte del Sustituto inocente; nosotros lo matamos.
El pecador en Levítico tuvo que también "degollar" su becerro—tuvo que cortarle la garganta y el cuello. Imagínese como será: no sería algo muy fácil de olvidar. Nosotros jamás debemos olvidar lo que Cristo hizo por nosotros (el horrendo sufrimiento). Debemos siempre recordar la muerte que Cristo sufrió por nosotros para que no volvamos a meternos en lo que le causó tanto sufrimiento.
Luego, los sacerdotes ofrecen la sangre "tirándola" sobre el altar y alrededor de él. Hay un concepto aquí que es importante. Vamos a verlo luego en cierto detalle, pero vale la pena mencionarlo aquí. La sangre es un cuadro de la vida dentro de la carne: El alma. Y esta "vida" (la sangre) es lo que Dios requiere para la expiación de los pecados (es la "paga" que "borra" la cuenta).
Cristo sufrió en Su cuerpo pero también "derramó Su alma" (la vida dentro de Su cuerpo) en sacrificio por nosotros (es lo que "pagó" por nuestros pecados y "borró" la cuenta). O sea, Cristo no sólo ofreció Su cuerpo en sacrificio, sino también Su alma. Lo hizo así porque el cuerpo del pecador tiene que morir físicamente, entonces Cristo murió físicamente (ofreció Su cuerpo en la cruz). Pero el alma del pecador es lo que sufrirá por siempre en el lago de la ira de Dios. Entonces, Cristo sufrió la infinita ira del Padre cuando estaba en la cruz.
Cristo puso Su vida por nosotros y esto incluyó la aflicción de Su alma (la vida dentro de Su cuerpo; en cuadro: la sangre del cuerpo del holocausto).
Entonces, como la sangre del becerro (la vida de su carne) se ofreció a Dios, así también el alma de Cristo por nosotros.
Los sacerdotes luego "desollan" el animal y lo dividen en "sus piezas". Desollar es quitarle la piel. Le quitan todo lo que le cubre para que el sacrificio esté "desnudo y descubierto" delante del Señor. Esto es un cuadro de descubrir todo lo que hay adentro—de sacar todo lo escondido. Así estará el pecador delante de Dios en el día del justo juicio y así estaba Cristo en la cruz: Destituido de todo, expuesto totalmente a la ira de Dios.
Después de desollar el becerro, los sacerdotes lo dividen en "sus piezas". Parten todo el animal sistemáticamente por todas sus coyunturas—lo parten en "sus" piezas. En esto necesitamos ver, primero, que el pecador sin Cristo sufrirá la ira de Dios por cada uno de sus pecados. En el juicio, Dios va a "partir" el pecador sistemáticamente, pieza por pieza, pecado por pecado, palabra por palabra, pensamiento por pensamiento. Y luego le exigirá el justo castigo en el fuego eterno por cada "pieza" (cada pecado). El que sufre la ira de Dios es primero "dividido en sus piezas".
Además, podemos ver en esto que Cristo, el último holocausto, sufrió por cada uno de los pecados de cada uno de nosotros ("pieza por pieza").
Y puesto que el holocausto se dividió en "sus piezas" (por sus coyunturas), ningún hueso fue quebrado, exactamente como dice la profecía de nuestro Señor.
Ya con el sacrificio muerto, expuesto sin piel y dividido en sus piezas, se prepara el fuego. Obviamente, esto es un cuadro del fuego eterno que Dios ha preparado para los pecadores que no tienen un sustituto para sufrirlo en su lugar. Los que quieren decir que el castigo de Dios no es fuego y que no es eterno, no puede llamarse cristianos porque no creen lo que la Escritura dice (desde el comienzo y hasta el fin).
Al final, lo hacen arder todo sobre el fuego del altar. Es interesante que se hace mención de dos partes específicas en el versículo 8 y luego de dos más en el versículo 9.
Tienen que ordenar todas las piezas (todas ellas) sobre el altar (v8a). Pero se menciona específicamente la cabeza y la grosura de los intestinos (v8b). Una parte es externa (la cabeza) y la otra es interna (la grosura). Es lo mismo con los intestinos (una parte interna) y las piernas (una parte externa: v9). En esto vemos el sacrificio de Cristo, tanto el hombre exterior (Su cuerpo) como el interior (Su alma). Él sufrió la ira de Dios (el "fuego eterno" cuando en la cruz sufrió "afuera" en Su cuerpo y también "adentro" en Su alma.
No obstante, no lo quemaban exactamente todo. Todo el animal, sí, se quemó (cada parte de su cuerpo). Pero recuerde que desollaron el becerro primero; le quitaron la piel (v6a). Dios permitió que el sacerdote llevara la piel (para su propio uso después).
Entonces, la piel no se quemó. La piel se quedó (sin vida, pero se quedó). Después del "holocausto" de Cristo en la cruz, pusieron Su "piel" (Su cuerpo sin vida) aparte en un sepulcro prestado. Él mismo, el Gran Sumo Sacerdote, usaría aquella "piel" dentro de poco. Así que, con esto de poner la piel aparte, Dios nos da un cuadro del cuerpo de Cristo puesto aparte, sin vida—un cuerpo que Él usaría de nuevo porque resucitó.
Después de todo, Dios dice que esta ofrenda es "de olor grato para Jehová". Así fue también el sacrificio de Cristo en la cruz.
¿Por qué es así, de olor "grato" para Dios? Porque la ofrenda puso a Dios "tranquilo" (propicio) con nosotros; estableció la paz entre enemigos. El holocausto aplacó la ira de Dios y lo inclinó a Él a hacernos bien (como amigos y familia, ya no como enemigos).
Estos sacrificios repiten casi los mismos detalles que acabamos de ver, pero hay unas cuantas cosas que valen la pena mencionar.
Primero, hay que observar el costo de estos sacrificios. Un becerro era más costoso que una oveja, y una oveja era más costosa que un ave. Entonces, aquí Dios reconoce tres niveles económicos en la sociedad: alto, mediano y bajo. Y la lección es obvia: ¡No hay nadie excluido! Si uno no puede pagar por un becerro, puede traer una oveja. Y si no puede pagar por una oveja, puede traer un ave. Lo que Dios quiere es la reconciliación de todos, entonces no excluye a nadie por ninguna razón.
Segundo, la ofrenda de aves nos muestra unas cosas interesantes. Le quitan el buche, que es una bolsita en el esófago de las aves en la cual guardan alimento (comida) para las crías (v16). Tienen que quitar el buche y echarlo al lado del altar (o sea, no se ofrece a Dios). Puesto que era una cosa para guardar el alimento (la comida), parece que es un buen cuadro de los apetitos de la carne—los apetitos en este mundo; los apetitos pecaminosos.Cristo no tuvo nada de estos apetitos pecaminosos y mundanos, entonces tuvieron que quitar el buche antes de ofrecer el ave en sacrificio.
Además, vemos que no la dividen en dos (v17). Esto nos muestra el mismo cuadro de dividir el becerro (o la oveja; v12) en "sus piezas". Cristo fue muerto por nosotros, pero no se le quebró ningún hueso
Estas leyes del holocausto nos recuerden de dos cosas principales:
Levítico 1 y el sacrificio del holocausto se resume bien en las dos partes de Romanos 6.23.
La exhortación del holocausto:
Los dos resultarán en un "olor grato para Jehová".