
Levítico #3: Lecciones del título del Libro de Levítico [pdf | mp3]
Levítico, el tercer libro de Moisés
En esta lección vamos a fijarnos en el título de este libro. Ahí, en el título, hay unas buenas exhortaciones para nosotros a ser fieles y celosos en nuestro servicio al Señor Jesucristo. Hay dos partes del título y queremos analizar ambas: primero, vamos a ver que Levítico es "el tercer libro de Moisés" y luego vamos a ver ciertos asuntos del nombre "Levítico". Después de entender un poco acerca del título queremos meternos en un estudio de los levitas porque es ahí en donde vemos la gran exhortación para nosotros.
La gran mayoría de Biblias hoy día todavía lleva el título completo: "El tercer libro de Moisés: Levítico". ¿Por qué será importante esta primera parte que dice que es el tercer libro de Moisés? Porque hay muchos que quieren poner en duda que Moisés escribió este libro, y además, con esto ellos ponen en duda la autoridad de la Escritura y también la de Jesucristo.
Los eruditos dicen que Levítico (con otras partes de los libros de Moisés) forma parte de una obra que unos sacerdotes hicieron después de la cautividad babilónica, alrededor del año 350 a.C. [Ver: Gordon J. Wenham, The Book of Leviticus (Eerdmans: Grand Rapdis, MI, 1979), pp. 8-13. Esto causa dos problemas principales. Todo el Libro de Levítico, desde el primer versículo (Lev 1.1) hasta el último (Lev 27.34), dice claramente que Moisés es el autor humano. Entonces, si él no lo escribió, el libro es una mentira.
En segundo lugar, Jesús citó Levítico (específicamente Levítico 13.8 y 14.4) y Él dijo que Moisés fue el autor humano (también: Mat 8.4).
Entonces, si Levítico no se escribió hasta después de la cautividad, Moisés no lo escribió. Y si Moisés no lo escribió, Jesús mintió. Y si Él mintió, nosotros somos unos engañados.
La moraleja del cuento: No prestemos atención a lo que los incrédulos dicen. Comparando la Escritura con la Escritura (viendo lo que Cristo dijo acerca del autor de Levítico) podemos acabar con miles de páginas de "investigación erudita" de hombres inteligentes pero incrédulos (no quieren creer lo que la Biblia dice). El Señor Jesucristo dijo que Moisés escribió el Libro de Levítico; es el tercer libro de Moisés, exactamente como dice en nuestras Biblias (Mat 8.4; Luc 5.14).
El título de este libro es diferente en hebreo. Esto es algo interesante y también informativo: El título de este tercer libro de Moisés no es "Levítico" en hebreo sino "Y Él llamó..." Los hebreos tomaron las primeras palabras del libro y las pusieron como el título.
Recuerde que Levítico es un libro acerca de la comunión con Dios. Dios llama a Israel (como dice el título en hebreo) a la comunión con Él con base en el sacrificio (Lev 1-10) y por medio de la santidad (Lev 11-27). Con esto, todo el contenido de este libro le enseña al judío acerca del último sacrificio y nuestra santidad, Jesucristo (el Mesías; por ejemplo: Heb 10.1-10). Pero, ¿qué hicieron ellos con el Mesías? ¿Qué hicieron ellos cuando Dios los "llamó" a la comunión con Él en el Mesías? Rechazaron al Mesías y también el "llamado".
El título en hebreo, entonces, nos muestra un cuadro de lo que ha pasado con Israel. Dios "los llamó" al sacrificio y a la santidad en Jesucristo, pero ellos no quisieron escuchar.
Dios llamó a los judíos pero ellos no quisieron acatar. No acataron al llamado de Levítico ni tampoco al de Jesucristo. Y Dios sigue llamándolos porque todavía quiere que Su pueblo esté en comunión con Él con base en el sacrificio y por medio de la santidad.
Pero el título en español (realmente el de todas las traducciones de los gentiles) es "Levítico". El libro trata de los asuntos de los levitas (los de la tribu de Leví). Aunque mucho del contenido de Levítico tiene que ver con asuntos de todo el pueblo de Israel, todo el libro se dirige a los levitas porque ellos forman la tribu de sacerdotes. Dentro del "reino de sacerdotes" (Israel; Exod 19.5-6), los levitas tienen la responsabilidad de gobernar y dirigir al pueblo conforme a la voluntad de Dios (por ejemplo: Num 3.5-10). Por esto, el libro se llama "Levítico", porque trata de lo que Dios espera de Su pueblo, y los levitas están a cargo de la dirección de dicha gente.
En este título, "Levítico", hay varias lecciones para nosotros hoy día. En el título de la Biblia en nuestro idioma, hay un mensaje para nosotros porque los levitas nos muestran un cuadro de lo que somos y lo que debemos ser como cristianos.
Dios tomó a los levitas en vez de los primogénitos de los hijos de Israel.
En Éxodo, la última plaga fue la muerte de todo primogénito en Egipto, salvo los que estaban bajo la sangre del cordero (la primera Pascua). Esto incluyó todos los primogénitos tanto de los animales como de los seres humanos. En esto Dios "santificó" (apartó) todo primogénito para Sí mismo. Todo primogénito llegó a ser "propiedad de Dios" y se tuvo que sacrificar a Él (por ejemplo: Exod 13.12-13).
Pero en el caso de los hijos de Israel, Dios escogió la tribu de Leví para ser Su "propiedad" en vez de cada primogénito de cada familia de cada tribu de Israel. Debido a esto, todos los levitas cayeron bajo la sentencia de muerte porque Dios los tomó como si fueran todos primogénitos. No obstante, en vez de matarlos, Dios los escogió para Su servicio. O sea, los levitas estaban "muertos" en el mundo (como primogénitos) pero "vivos" para servir a Dios.
Nuestro caso es igual. Nuestro "primer nacimiento" nos puso bajo la sentencia de muerte debido al pecado (Rom 5.12; 6.23). Pero ahora, en Cristo, los que fuimos condenados a la muerte ya somos escogidos y separados para servir a Dios (Rom 6.1-14).
Tal como los levitas, estábamos muertos debido al pecado (y nuestro primer nacimiento que nos puso "en" el pecado; Ef 2.1-3), pero ahora somos vivos para servir a Dios.
En primer lugar, los levitas servían al sumo sacerdote en su ministerio de reconciliación.
Ellos no ofrecían los sacrificios para la reconciliación (esto era la obra de los sacerdotes, especialmente del sumo sacerdote; Num 18.1-3, esp. v3). Los levitas servían al sumo sacerdote, ayudándole a él en su obra de intercesión para salvar a los pecadores de la ira de Dios (o sea, en su ministerio de reconciliación; Num 18.4-6). Nosotros, como los levitas, somos escogidos y apartados para servir a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, en Su ministerio de reconciliación.
Cristo vino para salvar a los pecadores de la ira de Dios (Luc 9.56; 19.10; 1Tim 1.15). Nosotros "padecemos juntamente con Cristo" participando con Él en Su ministerio de reconciliación aquí en la tierra (Rom 8.17). Pero como con los levitas, no nos acercamos al altar para ofrecer el sacrificio; el Sumo Sacerdote (Cristo) ya hizo esto. Nosotros ahora participamos con Él en la aplicación de este sacrificio a los pecadores que necesitan la reconciliación con Dios. Entonces, en primer lugar, vemos un cuadro de nuestro ministerio de reconciliación en el ministerio de los levitas.
Además, los levitas eran mayordomos del tabernáculo (Num 1.47-54).
La principal tarea de los levitas era la mayordomía del tabernáculo—de llevarlo, armarlo, desarmarlo y guardarlo—mientras el pueblo de Dios andaba en el desierto del mundo.
Nuestra principal tarea hoy es la misma. Nuestros cuerpos son "templos" de Dios—son "tabernáculos" en los cuales Dios mora.
Como los levitas, nosotros somos mayordomos del tabernáculo (de la presencia de Dios en este mundo) y lo debemos llevar a donde el Señor quiera.
Los levitas y su responsabilidad de cuidar el tabernáculo nos muestran un cuadro de nuestra mayordomía en la Gran Comisión (Mat 28.18-20 con Luc 24.46-47). Tenemos la responsabilidad de llevar la presencia de Cristo en estos "tabernáculos" por todo el mundo, participando con el Sumo Sacerdote en Su obra de reconciliación.
Ahora, quisiera hacer una pregunta que nos llevará al siguiente punto de estudio. ¿Qué hizo Leví para recibir este gran privilegio del ministerio y de la mayordomía que Dios le dio? ¿Qué fue lo que destacó la tribu de Leví de entre todas las demás para que Dios la escogiera para servirle en el ministerio de reconciliación y en la mayordomía del tabernáculo?
Leví, el tercer hijo de Jacob (Israel) era "bélico"—era un hombre belicoso. "Belicoso" quiere decir "agresivo" o "marcial". Belicosidad es la tendencia a tomar parte en conflictos armados. Leví, junto con su hermano Simeón, tomó venganza del pueblo de Siquem, el que violó a la hermana de los israelitas, Dina.
Usted puede leer la historia luego en este mismo capítulo. Lo importante que hemos de ver ahora es que Leví era un hombre agresivo, marcial... belicoso. Debido a esta decisión de vengarse, Leví perdió la bendición de su padre.
La tribu de Leví era también "belicosa". La misma tendencia belicosa fue lo que luego consagró a la tribu de Leví al servicio de Dios. Sucedió después del éxodo cuando Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo la ley. Durante un tiempo de desenfreno carnal, apostasía e idolatría, todos los hijos de Leví se consagraron a Jehová.
Leví y los levitas no eran de esos "santos de Dios" que son pusilánimes ("suaves y dulces"). Eran belicosos—agresivos y con una tendencia hacia la violencia. Pero fue aquella misma belicosidad, cuando fue sometida a la voluntad de Dios, que los separó de los demás y que los consagró a Jehová y Su servicio. Fue esta belicosidad (sometida a Dios) que los consagró al ministerio de la reconciliación y a la mayordomía del tabernáculo de Dios. Además, fue esta belicosidad (sometida a Dios) que les dio una herencia única entre sus hermanos.
Los levitas no recibieron una heredad (herencia) en la tierra (Num 18.20, 24; Jos 13.14, 33). Puesto que ellos se consagraron a Jehová... y puesto que Dios los escogió para servirle a Él... Dios mismo llegó a ser la heredad de los levitas. En todo esto vemos otro cuadro de nosotros hoy día (y una buena exhortación también).
Si nosotros queremos recibir una herencia como los levitas, tenemos que ser "belicosos" como ellos. No queremos ser "violentos" sino que queremos ser buenos soldados de Jesucristo. No queremos ser "agresivos" (física y emocionalmente) sino disciplinados y fieles a nuestro Señor.
Es muy común hoy en día (en el cristianismo moderno que es "suave y dulce") que se habla mal del creyente que vive con metas bíblicas, disciplina, diligencia y una actitud de soldado. Muchos dicen que este tipo de cristiano es duro, tosco y amargado; y que él debe ser más amable, afable, suave y dulce.
Pero yo digo que en nuestros días de desenfreno carnal, apostasía e idolatría en el pueblo de Dios, no necesitamos más pusilánimes suaves y dulces. Necesitamos creyentes consagrados a Dios—creyentes que tienen celo por Dios y pasión por la obra de Dios. Necesitamos más "bélicos" en el Cuerpo de Cristo. Necesitamos más cristianos que son como los levitas. Y fue el celo por Dios en la guerra que separó a los "levitas" de los demás.
¿Dónde están los bélicos hoy que quieren consagrarse al Señor? Estamos en una guerra... pero muchos no quiere reconocerlo.
Dios nos ha dado una armadura para la guerra... pero no muchos quieren ponérsela.
Tenemos una espada con la cual debemos pelear... pero no muchos saben manejarla.
Participamos en una milicia... pero no hay muchos que quieren pelear la buena batalla de la fe.
Hemos recibido una exhortación como soldados... pero muchos no quieren escuchar.
Dios nos ha dado un buen ejemplo que podemos seguir... pero muchos no quieren imitarlo.
Tenemos una misión (una misión de rescate: buscar y salvar a los que están perdidos)... pero muchos no quieren participar en ella.
Si, como los levitas, nos consagramos celosamente a Jehová y a Su obra, recibiremos (como los levitas) una herencia única—una herencia, no en esta tierra sino en el reino eterno de Cristo Jesús. Por tanto, pongamos la mira en aquella herencia.
Y vivamos conforme a nuestro llamamiento como los siervos del Sumo Sacerdote, Jesucristo.
Seamos "belicosos", peleando la buena batalla en nuestra misión mundial de reconciliación, a fin de agradar a Aquel que nos tomó por soldados (que nos tomó, en cierto sentido, por Sus "levitas").