
Levítico #1: Levítico es el libro de la comunión [pdf | mp3]
Terminamos la semana pasada en Juan 15, viendo nuestra parte en la llenura del Espíritu. Si queremos experimentar la llenura y todos los resultados de ella (el fruto del Espíritu y Su presencia en nuestras vidas), ¿qué hacemos? ¿Qué nos toca? ¿Cuál es nuestra parte? Hallamos la respuesta en Juan 15.
Dios (el Espíritu) lleva el fruto en y a través de nosotros cuando "permanecemos" en Cristo. Sabemos que este "permanecer" no tiene que ver con la salvación porque es el mismo "permanecer" que vemos entre el Hijo y el Padre.
Para que haya fruto en nuestras vidas (para que experimentemos los resultados de la llenura del Espíritu), tenemos que permanecer en comunión con Cristo (andar con Él, conforme a Su voluntad).
Permanecemos en comunión con Él guardando Sus mandamientos (v10a) y haciendo lo que Él nos manda (v14b). Entonces, es un asunto de sumisión (actitud) y de obediencia (acciones). Es un asunto de dejar de hacer lo que no le agrada a Dios (separarnos del pecado y la maldad) y diseñar un plan de vida para hacer siempre lo que, sí, le agrada.
Podemos resumir todo esto en tres palabras: Santidad para comunión. Si queremos ver el fruto del Espíritu en nuestras vidas, tenemos que ser llenos del Espíritu. Si queremos ser llenos del Espíritu, tenemos que permanecer en Cristo—en comunión con Él. Si queremos permanecer en Cristo, tenemos que andar en santidad (apartados del mal a Dios).
Hay un libro en el Antiguo Testamento que trata de esto: Levítico. En Levítico vemos cómo establecer la comunión con Dios (por medio del sacrificio) y luego vemos cómo andar en comunión con Él (por medio de la santidad). Levítico es "el libro de la comunión" porque es un libro acerca de la santidad de Dios. Vayamos al comienzo (a Génesis) para ver Levítico en contexto.
En Génesis vemos el gran comienzo. Vemos el comienzo de la creación—una creación perfecta como Dios es perfecto.
Vemos el comienzo del hombre—hecho perfecto como Dios es perfecto.
Pero, vemos también el comienzo del pecado.
Y debido al pecado, vemos la separación entre el hombre y su Dios.
Génesis es un libro que nos presenta al hombre perdido y destituido en el pecado. El libro comienza con la perfección: El hombre perfecto en el lugar perfecto, andando y gozando de la perfecta comunión con Dios. Pero termina con el hombre de Dios muerto, dentro de un ataúd en Egipto, muy lejos del plan original de Dios (muy lejos de la santidad y la comunión con su Creador).
En Éxodo vemos la redención del hombre perdido y destituido en su pecado. Éxodo comienza con un cuadro del pecador en el mundo, lejos de Dios: Israel está sufriendo el maltrato de la esclavitud bajo Faraón.
Pero, por la sangre del cordero, Dios salva a Su pueblo de la muerte y lo saca de la esclavitud en Egipto (un cuadro de nuestra salvación en Cristo).
Luego, Dios lleva a Su pueblo al Monte Sinaí en donde le da dirección (por medio de la Palabra escrita) y propósito (por medio del tabernáculo; el propósito: conocer a Dios y hacerlo conocido en el mundo). El libro termina con la presencia de Dios llenando el tabernáculo y por esto la gloria de Dios se manifiesta al mundo (un cuadro de Dios llenando nuestras vidas y el fruto que resulta).
En Levítico, desde el tabernáculo (Lev 1.1), Dios habla a Su pueblo redimido y les da las instrucciones que necesitan para estar siempre en comunión con Él. En Levítico, Dios enseña al pecador redimido a cómo "andar con Él"—a cómo andar en la santidad (a cómo "permanecer" en comunión con Él).
La comunión se establece por medio del sacrificio: Levítico 1-10. Por medio del sacrificio sustituto Dios "santifica" al pecador, le da una nueva posición delante de Él (el pecador llega a ser un "santo"; Lev 1.1-5).
La comunión se mantiene por medio de la santidad "práctica": Levítico 11-27 (Lev 11.1-2, 46-47). Dios nos enseña a hacer una diferencia entre lo inmundo y lo limpio, para "despojarnos" de lo inmundo y "vestirnos" de lo limpio. Todas las instrucciones de Levítico nos muestra, en tipo y cuadro, cómo podemos andar en la santidad que tenemos debido al sacrificio de Cristo.
Si queremos experimentar los resultados (el fruto) de la llenura del Espíritu (la presencia de Dios en nosotros, como el nuevo "tabernáculo"), tenemos que permanecer en Cristo (Juan 15.4-5). Esto quiere decir que tenemos que guardar Sus mandamientos (Juan 15.10) y hacer lo que Él nos manda (Juan 15.14). O sea, tenemos que andar en la santidad, apartados de lo inmundo a Dios. Levítico es el libro de la comunión porque trata de la santidad delante de Dios, y por esto vemos en este libro exactamente lo que Dios espera de nosotros.
Dios espera que seamos santos porque Él es santo.
Puesto que Él es santo, ¿cómo podemos andar con Él en comunión si nosotros no somos santos?
Por esto, Dios quiere que seamos perfectos como Él (para que podamos estar en comunión con Él).
Dios quiere que imitemos a Cristo—que seamos y vivamos como Él.
Dios quiere que seamos imitadores de Él—de Dios.
Quiere que Su pueblo redimido sea santo, sin mancha e irreprensibles delante de Él.
En toda nuestra manera de vivir, Dios quiere que seamos santos, porque Él es santo (y Él quiere que estemos siempre en comunión con Él).
Así que, si queremos permanecer en comunión con Dios, Quien es santo, tenemos que andar (vivir) como Él—tenemos diseñar un plan de vida para desarrollar un estilo de vida como el de Cristo.
Si hacemos esto, veremos fruto... mucho fruto... porque experimentaremos la llenura del Espíritu.
Levítico es un libro que nos muestra lo que Dios espera de nosotros: La comunión en la santidad. Él quiere que "nos despojemos" de la manera de vivir del viejo hombre (Lev 20.22-23). Él quiere que "nos vistamos" de la manera de vivir del nuevo hombre (Cristo Jesús; Lev 20.22, 24-26).
Vamos a estudiar el Libro de Levítico en detalle luego. ¿Cuál es la exhortación para hoy? Sométase a la voluntad de Dios. Para los que no tienen a Cristo esto implica el arrepentimiento y la fe en Cristo. Para los cristianos esto implica un actitud de sumisión (un deseo de hacer la voluntad de Dios). Después, andemos con el Señor en la hermosura de la santidad (la santidad es "atractiva / llamativa"). Aprendamos la Palabra y andemos en obediencia a ella. Si usted quiere estudiar la Palabra de una manera sistemática, le invito a participar en nuestro ministerio de Discipulado Bíblico.
La llenura del Espíritu Santo debe ser la experiencia "normal" del cristiano. Si queremos experimentarla y todos los resultados de ella (el fruto del Espíritu, etc.), ya sabemos lo que nos toca—ya sabemos cual es nuestra parte.