
Mensaje #32 de la serie sobre la teología sistemática: La Pneumatología
El sello & la unción del Espíritu: [mp3 audio | pdf notas]
Estamos estudiando la doctrina del Espíritu Santo: Su Persona y Su obra. En el primer mensaje vimos que el Espíritu es una Persona y es Dios (forma parte de la Trinidad). Después vimos Su obra entre los inconversos: Les convence y los atrae a Cristo para salvación. Y empezamos a ver su obra entre nosotros, los cristianos. Él viene para morar dentro de nosotros para siempre. Al venir a nuestro ser, el Espíritu Santo nos regenera—nos da vida nueva, vida espiritual y eterna. También Él nos bautiza en el Cuerpo de Cristo (que es el "bautismo del Espíritu Santo").
En este estudio vamos a seguir con la obra del Espíritu en nosotros, los cristianos. Hasta ahora, todo lo que hemos visto de esta obra sucede en el momento de la salvación (el Espíritu viene a nuestro espíritu, nos regenera y recibimos el bautismo del Espíritu). Hoy vamos a terminar de ver estas obras que el Espíritu hace cuando nos convertimos a Cristo.
Vamos a ver lo que la Biblia dice acerca del "sello" del Espíritu Santo y Su "unción". Si tenemos tiempo, vamos ver un poco acerca de lo que Biblia dice del "soplo" del Espíritu también.
El sello del Espíritu Santo es la "garantía" de Dios en nosotros, y uno recibe est garantía y este sello en el momento de creer el evanglio.
Observe el orden de eventos en la conversión de uno a Cristo y su salvación. Primero, tiene que oír el evangelio (porque la fe viene por el oír y el oír por la Palabra). Segundo, el inconverso cree en el evangelio (se arrepiente y pone su fe en Cristo). Tercero, cuando hace esto—cuando "se convierte" a Cristo—el Espíritu Santo viene para morar dentro de él, y lo "sella".
Por lo tanto, todos los verdaderos creyentes (todos los hijos de Dios) hemos recibido el sello, aun los creyentes más carnales y problemáticos como los corintios.
Si alguien no ha recibido el sello, no ha recibido el Espíritu y todavía está en sus pecados. Así que, recibir el sello del Espíritu no depende de nada más que convertirse a Cristo. Es algo que Dios ha dado a cada persona que es salva y se lo ha dado para "garantizarle" algo.
Las "arras" es lo que uno da en señal de un acuerdo (un pacto, un contrato). Es como "la prima" de una compra: es una "garantía" de que uno va a cumplir con lo demás del contrato. El sello del Espíritu Santo (Su presencia permanente en nosotros) es una garantía de algo—es una garantía de la herencia que nuestro Padre nos dará en Cristo Jesús (Ef 1.13-14).
Nosotros somos hijos de Dios por nacimiento y nuestro Padre está dispuesto a darnos una herencia.
Aunque no podemos perder la salvación que tenemos en Cristo (porque nacimos en la familia de Dios y seremos Sus hijos para siempre), no es así con nuestra herenia. Nuestra herencia es como una "recompensa": uno puede "ganarla" o "perderla". Nuestra herencia depende de nuestra fidelidad en las obras que Dios nos dio que hacer. El deseo de Dios (como el Padre perfecto y omnibenévolo) es darnos a todos una herencia completa. Sin embargo, Él es justo y no puede dar lo mismo a los infieles que a los fieles. De esto trata el "Tribunal de Cristo": cada cristiano recibirá según lo que haya hecho.
Pero el sello del Espíritu Santo es las arras (la garantía) que todos recibiremos algo de herencia.
Cada uno recibirá una recompensa de parte del Señor cuando Cristo venga por nosotros en el arrebatamiento (Él viene, nos arrebata y nos lleva al juicio del Tribunal de Cristo). Entonces, en este sentido la herencia es (en parte) como la salvación: no se pierde. O sea, no se puede perder toda la herencia porque cada uno ha recibido el sello que es las arras de la herencia—cada cristiano tiene la garantía de Dios que recibirá "algo". La diferencia entre la salvación y la herencia es que uno puede perder la gran cantidad de su herencia si no es fiel en la obra a la cual Dios lo ha llamado.
Hemos de entender que esta es otra obra del Espíritu que sólo los cristianos experimentamos. No vemos el sello del Espíritu antes de Hechos 2 y no lo vemos después de nuestro arrebtamiento. Nadie más ha tenido la promesa de herencia que nosotros tenemos, porque nadie más (hasta nosotros) nació de nuevo por el Espíritu Santo. Con nosotros Dios empezó una nueva obra y parte de esta obra es el sello del Espíritu (Su presencia que nos garantiza una herencia). ¡Qué privilegio!
Históricamente Juan estaba escribiendo a cristianos en el primer siglo (alrededor de 90 d.C.). Él no hace ninguna distinción entre los cristianos cuando habla de esta "unción". Da por sentado que todos ellos la habían recibido. Todos los cristianos (aun hasta los más carnales: los corintios) hemos sido "ungidos" por Dios.
Así que, esta "unción" no es nada "especial y místico" que hemos de desear, buscar o procurar. Es algo que ya hemos recibido. ¿Qué es esta "unción"? Podemos contestar esta pregunta si entendemos lo que la unción hace.
El propósito primordial de la unción del Espíritu Santo es el de enseñarnos la Palabra de Dios.
Observe bien lo que este versículo dice: La unción misma nos enseña "todas las cosas". Ahora, compare esto con lo que Cristo dijo en Juan 14.26.
La unción nos enseña todas cosas y el Espíritu nos enseña todas las cosas. La "unción", entonces, se refiere a la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Así que, cada cristiano ha recibido la unción porque cada cristiano ha recibido el Espíritu Santo. Es otra obra que el Espíritu realiza en el momento de nuestra salvación. Él viene para morar en nosotros y desde entonces nos enseña "todas las cosas" de Dios—o sea, nos enseña la Escritura, la Palabra.
Por tanto, la unción del Espíritu Santo no es ningún "poder especial" que Dios da a los "super-espirituales" para que puedan hacer cosas raras y místicas. La unción simplemente se refiere a la presencia del Espíritu en nosotros para enseñarnos. Si usted es salvo, además del sello, ya ha recibido la "unción" del Espíritu también.
La unción de Cristo fue único y no debemos confundir nuestra unción del Espíritu con la que Cristo recibió. Cristo recibió una "unción" especial del Espíritu Santo en el comienzo de Su ministerio público.
Él mismo se refiere a esta "unción" como algo único, como el cumplimiento de profecía.
No debemos "mezclar" esta unción del Mesías con la nuestra. La unción del Espíritu sobre Cristo fue algo único y especial, exactamente como Cristo es único y Su ministerio es especial. Las referencias a nuestra unción son claras: Es la presencia del Espíritu en nosotros que nos enseña acerca de las cosas de Dios.
El "soplo del Espíritu" se puede entender como la anticipación de la venida del Espíritu Santo. Puesto que este asunto del "soplo" del Espíritu es una fuente de confusión hoy en día, vale la pena mencionarlo (aunque no podemos ver todos los detalles aquí; no es el propósito de esta lección). Lo más importante que debemos obsevar de Juan 20.22 es que ninguno de los que estaban presentes para el "soplo" recibió el Espíritu Santo (en el sentido de nacer de nuevo, etc.). En Hechos 1.4-5, ellos estaban todavía esperando recibirlo y en Hechos 2.1-4, por fin lo recibieron. Así que, esto de "soplar" para que la gente "reciba" algo del Espíritu Santo no es bíblico.
En Juan 20.22 "soplar" para "recibir" el Espíritu Santo es una referencia a varias cosas. Por ejemplo, Adán recibió vida cuando Dios "sopló en su nariz aliento de vida" (y es el Espíritu Santo quien hoy nos da vida—vida nueva, vida espiritual, vida eterna; Él es el "soplo" de Dios). Además, en la profecía de los huesos secos en Ezequiel 37, los muertos viven cuando el viento de Dios "sopla" sobre ellos.
Entonces, en Jun 20.22, esto de "soplar" y decir "recibid el Espíritu Santo" no tiene nada que ver con ninguna experiencia rara entre los cristianos en las iglesias hoy en día. Más bien, tiene que ver con nuestra regeneración por el Espíritu Santo (es vida, como con Adán). También, tiene que ver con la regeneración de Israel en el Milenio (como con los huesos secos). Cristo usa la palabra "soplar" en el contexto de la venida del Espíritu Santo para enseñarnos algo.
Con el sello y la unción terminamos nuestro estudio de las obras que el Espíritu realiza en el momento de nuestra salvación. El Espíritu Santo mora en nosotros y nos sella—nos garantiza una herencia. Además, el Espíritu que mora en nosotros es la "unción" que nos enseña la Biblia. Con estas dos cosas, sabemos dos cosas importantes:
La exhortación en esto es clara y sencilla. Aprendamos la Biblia y hagamos lo que ella dice para que tengamos una herencia completa. Y si usted dice que no es capaz de hacerlo, tiene toda la razón. ¡No somos capaces en nosotros mismos! Por esto, Dios nos manda "ser llenos" de Su Espíritu para que, por el poder del Espíritu, podemos vivir conforme a la voluntad del Señor. Y esto es lo que vamos a empezar a estudiar en la siguiente lección.