
Mensaje #30 de la serie sobre la teología sistemática: La Pneumatología
El Espíritu de Dios: Su obra en el mundo [mp3 audio | pdf notas]
En este estudio seguimos con nuestro estudio de la obra del Espíritu viendo su obra en el mundo. Después de este mensaje, vamos a enfocarnos en la obra del Espíritu entre los creyentes. Pero, creo que debemos empezar en el "principio" (de la obra del Espíritu entre los hombres) si queremos ver toda esta obra en su debido contexto.
En esta lección vamos a ver tres cosas, dos de las cuales ya hemos visto antes (por esto vamos a verlas brevemente para poder llegar a la tercera y estudiarla en más detalle). Primero, vamos a ver la obra del Espíritu en detener la iniquidad en el mundo. Segundo, veremos Su obra de convencer al pecador individual de su necesidad de Cristo. Tercero, vamos a ver lo que la Biblia dice acerca de la regeneración por el Espíritu Santo.
Vimos este tema en cierto detalle hace poco cuando estudiamos el asunto del Anticristo.
"El misterio de la iniquidad" es (básicamente) la obra de Satanás en el mundo—la obra de "promover" el pecado en todo el mundo. Hoy el Espíritu está haciendo una obra de "frenar" este desarrollo de iniquidad. Lo hace convenciendo a cada persona del pecado, de la justicia y del juicio por venir (veremos esto en el siguiente punto de estudio). Lo hace también en y por medio de la Iglesia—la presencia de los cristianos y nuestro testimonio.
El que detiene será quitado en el arrebatamiento de la Iglesia (2Tes 2.7). El Espíritu siempre es omnipresente, entonces sabemos que aquí estamos hablando de algo un poco más específico que la "presencia" del Espíritu en el mundo. El arrebatamiento de la Iglesia es lo opuesto del Día de Pentecostés en Hechos 2. En Hechos 2 el Espíritu vino para estar en el mundo de una manera especial (y única). En el arrebatamiento, esta "presencia especial" del Espíritu se quita. Entonces, cuando Su obra actual de "detener la iniquidad" se acabe, la maldad en este mundo llegará a su colmo rápidamente durante la Tribulación.
El Espíritu les da a los inconversos la convicción de que no les irá muy bien en el juicio venidero. Además de Su "obra general" de detener la iniquidad en el mundo, el Espíritu está trabajando en cada pecador para guiarlo a la salvación en el Señor Jesucristo (Juan 16.8). Su convicción tiene que ver, principalmente, con el pecado de no creer en Cristo (de rechazarlo como Señor y Salvador; Juan 16.9). Además, le da al pecador una convicción de la justicia de Dios. El pecador sabe (por la obra del Espíritu Santo) que no alcanza ser tan bueno como debe ser (Juan 16.10). Con esta convicción de su pecado y de la justicia de Dios, el inconverso recibe también la convicción de que hay un juicio por venir (todos saben que Dios les va a juzgar y no les irá bien; Juan 16.11).
Fíjese bien en que el Espíritu hace esta obra en todos los pecadores en todo el mundo (Juan 16.8). Cristo, por medio de Su Espíritu, está atrayendo a cada pecador a Sí mismo para que sea salvo.
Él está convenciendo a todos acerca de la existencia de Dios, el Creador, por medio de la creación. Él está convenciendo a todos acerca de su lío con Dios, el Juez Justo, por medio de su conciencia. Y cuando nosotros les predicamos el evangelio, el Espíritu convence a los pecadores de su necesidad de salvación y (según el Romanos 10.17) les da suficiente fe para convertirse a Cristo. Cuando el pecador responde a esta obra del Espíritu (cuando "se convierte" respondiendo en arrepentimiento y fe), el mismo Espíritu le da vida nueva—lo regenera.
Sólo hay dos menciones de la palabra "regeneración" en la Biblia, y cada una nos muestra un aspecto diferente de esta obra del Espíritu. Vamos a ver las dos en orden cronológico...
Dios nos salvó por la regeneración del Espíritu Santo—el Espíritu nos "regenera" y en esta obra vemos nuestra salvación. Primero que nada, entienda que la regeneración no es la conversión (una tiene que ver con la obra de Dios y la otra con la decisión nuestra). Dios llama a cada pecador a convertirse, entonces la conversión es una decisión del mismo pecador (tiene que decidir arrepentirse y poner su fe en Cristo para salvarlo).
Cuando el pecador se convierte a Cristo (cuando "recibe" al Señor por medio del arrepentimiento y la fe), Dios lo "engendra" de nuevo—le da vida nueva; lo hace nacer de nuevo como un hijo de Dios. O sea, lo regenera por Su Espíritu.
Es por esto que el nuevo nacimiento es "del Espíritu" y no de la carne (o sea, es diferente del nacimiento "de agua"—el nacimiento físico). El nuevo nacimiento es una obra que el Espíritu de Dios hace. No es nada que nosotros hagamos.
De esta manera llegamos a ser "nuevas criaturas", hijos de Dios (engendrados por Él). Somos "hijos de Dios" y participamos de la naturaleza divina porque nacimos por el Espíritu de Dios y todo lo que existe, "da fruto según su género".
Además de entender la diferencia entre la conversión (nuestra parte en la salvación) y la regeneración (la obra de Dios), tenemos que "trazar bien" la Palabra porque esta regeneración no se menciona en el Antiguo Testamento. De hecho, es algo que no vemos hasta Hechos 2. (Recuerde que aun Nicodemo, un fariseo "justo" y abierto al ministerio de Jesús, necesitaba nacer de nuevo. O sea, aun el más "justo" de los judíos salvos bajo la Ley, no era "regenerado"; Juan 3.) Esta regeneración (el nuevo nacimiento espiritual que da vida al pecador muerto) es algo nuevo que Dios empezó en Hechos 2.
Pero, fíjese bien en que la "regeneración" no es lo mismo que el "bautismo del Espíritu". Vamos a estudiar el bautismo del Espíritu en más detalle durante los domingos siguientes, pero lo que necesitamos ver aquí es que la regeneración no es el bautismo del Espíritu. Aunque hay cierto "traslapo" de estos dos conceptos en la Biblia, es muy importante entender las diferencias entre ellos. El bautismo del Espíritu tiene que ver con la obra del Espíritu Santo poniéndonos en el Cuerpo de Cristo.
[important title="1Corintios 12.13]Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.[/important]
Esto sucedió por primer vez en Hechos 2 (el Día de Pentecostés) y sucede hoy cada vez que un pecador se convierte a Cristo. Pero, este bautismo del Espíritu no es la regeneración: La regeneración nos da vida; el bautismo nos pone dentro del Cuerpo de Cristo. Esto es importante cuando tomamos en cuenta la siguiente mención de "regeneración" en la Biblia.
Esta regeneración (Dios dando vida nueva al que está muerto) sucede en la segunda venida. Sucede cuando Cristo se sienta en Su trono de gloria, que es el trono de David en Jerusalén (un evento que toma lugar en la segunda venida).
Esta es una regeneración tanto de la creación como de los judíos creyentes de aquel entonces. Dios "regenera" la creación quitándole la maldición y todo se vuelve como el Huerto de Edén. Además, Dios da vida nueva por Su Espíritu a los israelitas creyentes.
En esta regeneración de la segunda venida, Dios les da dos cosas a los israelitas creyentes:
Él les da Su Espíritu para morar en ellos: Por esto, ellos "nacen espiritualmente" porque el Espíritu de Dios viene para estar dentro de ellos. Además, les da la llenura del Espíritu: Su llenura no es condicional (como hoy día) porque este pasaje dice que Dios hará que ellos anden (sin falta) en obediencia a Él. Esta es la "regeneración" que sucede en la segunda venida y que señala el comienzo del Milenio (el reposo de mil años en la tierra).
No confunda esta regeneración futura de Israel con la nuestra de hoy día. Son diferentes. Ellos no serán bautizados por el Espíritu en el Cuerpo de Cristo. El bautismo del Espíritu que nos pone en el Cuerpo de Cristo como miembros en particular es algo único en toda la historia. El bautismo del Espíritu es una obra que Él hace entre Hechos 2 y el arrebatamiento de la Iglesia (no la hizo antes y no lo hará después).
Nosotros hoy día recibimos el Espíritu Santo y somos regenerados (nacemos de nuevo). En el mismo momento de nuestra regeneración, el Espíritu nos bautiza en (no pone en) el Cuerpo de Cristo como miembros del mismo. En el futuro (en la segunda venida y durante el Milenio), los israelitas creyentes recibirán el Espíritu Santo, serán regenerados (recibirán la nueva vida espiritual) pero no serán bautizados en el Cuerpo de Cristo. Después del arrebatamiento de la Iglesia, nadie más entrará en el Cuerpo de Cristo. Después del arrebatamiento de la Iglesia, no hay nadie que recibirá el bautismo del Espíritu Santo (que lo pone "dentro del Cuerpo").
Primero: Hay que "trazar bien" la Palabra de Verdad (que es un principio universal y esencial). No debemos aplicar algo del pasado (del Antiguo Testamento) a nosotros hoy (en la Iglesia). No debemos aplicar algo del futuro (de la Tribulación o del Milenio) a nosotros hoy (en la Iglesia). No debemos aplicar algo de hoy (en la Iglesia), ni al pasado ni al futuro. "Las cosas diferentes no son iguales" y hay cosas "diferentes" en la Biblia (en el trato de Dios con los hombres). Haremos bien reconociendo esto y tomándolo en cuenta cuando leemos la Biblia.
Segundo: Hay que entender que Dios hace toda la obra en nosotros, pero Él requiere algo de nosotros antes de realizar Su obra: Él requiere una "conversión". Para ser salvo y regenerado, uno tiene que "recibir a Cristo" y esto implica una conversión del pecado a Cristo (como Señor y Salvador). Después, para crecer en Cristo, Dios requiere lo mismo todos los días. Tenemos que estar dispuestos a "despojarnos del viejo hombre" y "vestirnos del nuevo". Tenemos que estar dispuestos a dejar el pecado y vivir en la voluntad de Dios.
Por Su Espíritu, Dios nos ha dado vida nueva—nos ha dado la "regeneración". Andemos, entonces, es esta nueva vida, no en la vida vieja del pecado, en el mundo y separado de Dios. Puesto que vivimos por el Espíritu, andemos en el Espíritu y no según los deseos de la carne. Aprendamos la Biblia (su contenido y cómo estudiarla) y andemos según lo que la Biblia dice. O sea, es el consejo más práctico de toda la vida: Lea la Biblia y obedezca lo que dice. Así es cómo "andamos por el Espíritu".