
La obediencia tiene que ver con una decisión tomada a la luz del señorío de Jesucristo. Cristo es el Señor de todo, incluyéndonos a nosotros. Él tiene derecho de señorear sobre nosotros, y tenemos el deber de someternos a Él, nuestro Rey. De ahí nace la decisión de obediencia (de reconocer el deber de someternos). Robert Boardman, un misionero a Japón, identificó cinco niveles de obediencia. Un cristiano crecerá a través de estos niveles y es bueno evaluarnos de vez en cuando para averiguar en dónde estamos (en cuál nivel) y qué podemos hacer para llegar al próximo nivel.
Muchos cristianos reconocen que esta actitud es mala, pero todavía viven según este patrón. No quieren que Cristo los señoree. (Ejemplo: Jueces 21.25) ¡A saber si son realmente cristianos!
Esto es regatear con Dios. Yo le daré a Dios lo que a mi parecer es un cambio igual a lo que Él hizo por mí. Por ejemplo: “Si Dios me diera el trabajo que quiero, le daría a Él más tiempo leyendo la Biblia y orando”.
Esto también es regatear con Dios. Este nivel es parecido al segundo, pero incluye un deseo de darle a Dios lo que Él quiere en vez de un “cambio igual” según mi parecer. (Ejemplo: Génesis 28.20-21)
En este nivel, por fin, la actitud de “yo primero” ha cambiado. Pero, todavía es una forma de regatear con Dios. Estoy esperando que Dios me haga algo puesto que yo he hecho algo para Él.
Esta es nuestra sumisión al señorío de Cristo puesta en práctica. Esta actitud hacia la obediencia es la meta de todo cristiano. (Ejemplo: Mateo 26.39)